En el mercado del pueblo y muy acomodaditas, se encuentran todas las frutas, dentro de grandes cestitas. Cada una se propone; irse hoy a algún hogar, y así: fresas, naranjas, melones, patillas y melocotones, hacen una y mil piruetas para llamar la atención, de apurados visitantes: damas, niños, caballeros, señoras y señorones...
El señor Mango se ríe, al ver a sus compañeras, mientras, él en su cesta; escondidito espera... Una fresa presumida le pregunta, muy seria: - Oiga Ud. Don Mango ¿Qué cosa le causa risa?. Y el mango con voz aguda; como quien no quiere la cosa, le responde rezongón: Ustedes. ¡Que tontas¡ No hayan que hacer para ser vistos y comprados¡ ¿Acaso no saben lo que les van a hacer? Van a ser troceados, licuados, aplastados, convertidos en jugos, helados, mermelada o jalea , o comidos a mordiscos por algún niño glotón...
El resto de las frutas, de pronto se paralizan, lo observan muy asombradas... Y enseguida le responde una de las naranjas:
¡Ese es nuestro destino¡ ¡Esa es nuestra misión¡ Entonces, Don Mango: ovalado, rechoncho y pintón; muerto de risa, responde:




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¡Allá ustedes con su tema, yo me quedo aquí tranquilo; y con algo de suerte, tal vez cambia mi destino¡
Salta la patilla, sonrojada y enojada, y grita a todo pulmón: ¡Que broma con este bocón¡. Como decía mi mamita: ¡Sembraron mango y salio parchita¡
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