Al día siguiente, por fin Lidia se despertó mucho más calmada, la droga que durante semanas le había estado suministrando la Gran Madre comenzaba a dejar de hacer efecto en su cuerpo y su mente.
Ahora creía que todo lo acontecido con anterioridad había sido producto de una terrible pesadilla, cargaba bajo sus hombros con la muerte de decenas de personas inocentes.
Una pequeña resistencia, compuesta por hombres y mujeres de diferente procedencia y edad, habían decidido secuestrar a Lidia, limpiar su cuerpo totalmente e intentar colaborar con ella para poder acabar con lo que ellos creían que era el problema de la Tierra, la Gran Madre.
- ¿Cómo estás?
- Bien…
- Te voy a liberar, no intentes nada raro.
- ¿Quiénes sois? ¿Qué queréis de mí? ¿Qué me habéis hecho?
- Solo queremos hablar contigo, no vamos a hacerte daño, pero tampoco trates de hacérnoslo a nosotros o tomaremos represalias contra ti. ¿Eres Lidia, verdad?
- ¡Creo que sí!, ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Quién eres tú? Me encuentro algo mareada y desorientada, no sé muy bien cómo he llegado hasta aquí…
- Mi nombre es Elena. No te preocupes, sal de esa jaula y hablemos, así comprenderás todo un poco mejor…
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