Qué precioso esto. Me siento tan, pero tan identificada con todo tu planteamiento (de poder, lo reestemearía). Creo que muchos de los que sentimos tal cariño, afinidad o tenemos determinada percepción romántica de la ciudad, es porque quizá, es la única ciudad en la que hemos vivido. Me gustaría, en un futuro, poder compartir comparaciones con otras ciudades, del continente y de otros continentes, para tener base de nuestras vivencias.
Esto me pareció particularmente hermoso:
Entiendo que no sabes cómo luces desde la lejanía —sería complicado hacer un espejo que te permitiera observarte de arriba abajo—, y no comprendes el potencial que tienes.
Caracas es ese ser que no se conoce, que se deja maltratar por quienes no la aprecian, que asusta cuando uno menos lo espera, pero aún así, uno vive en ella, quizá uno la quiere de tal manera, para poder sobrellevarla. Pero me gusta pensar que también se hace querer con sus lluvias fuertes, sus amaneceres y atardeceres, sus recorridos sin cola por sus autopistas con brisa fresca y sus contrastes entre edificios de distintos estilos con árboles siempre verdes.
RE: Una historia de amor y odio que comenzó hace más de 16 años