Hoy comentaba con mi esposo lo complicado que se ha vuelto todo acá en mi país. La crisis ha alcanzado todos los niveles, desde cosas muy complicadas como conseguir medicamentos para tratar el cáncer hasta algo tan simple como comerse unos huevitos fritos en el desayuno. Hace unos tres años podías comprar un cartón de huevos (30 unidades) en Bs. 50,00 (aprox. $ 0,71); hoy día rondan los Bs. 12.000,00 (aprox. $2,06). A eso súmale que desaparecen cada tanto y ¡otra vez arriba el precio!
En fin, este post no es para quejarme de eso, lo comentaba más bien para explicar por qué decidimos tener gallinas en casa.
Les cuento. Hace cosa de unos 14 o 15 años mi esposo y yo decidimos que queríamos irnos al campo tratando de alejarnos del bullicio y peligro de la ciudad y para ofrecerle a nuestros hijos, de cuatro y dos años en ese momento, algo diferente a vivir montados en un carro yendo a toda clase de actividades para mantenerlos activos y alejarlos del encierro de un apartamento.
Así, el campo se convirtió en la opción más adecuada, apuntando a que ellos pudieran correr, saltar y disfrutar de llenarse de tierra sin la menor restricción, tal y como crecí yo 😁.
Yo provengo de un pueblito llamado Altamira, como lo he mencionado antes, y todo ese asunto de la tierra, los cultivos y los animales de granja no me era ajeno. Aunque debo decir que sabía poco (como lo descubrí posteriormente) algo sabía al respecto pues creciendo rodeada de todo aquello, eso prácticamente se aprende por ósmosis!
A diferencia de mi, mi esposo es un chico citadino 😎 y de labores del campo "ni la o por lo redondo", pero tiene grandes cualidades, como por ejemplo ser un lector empedernido, un curioso insaciable y un consagrado autodidacta (¿ya les dije que es Físico? 😍). Aunque visitaba el campo de tanto en tanto, en sus vacaciones escolares pues sus padres también son gente del campo, lo suyo era la ciudad; pero se le metió el gusanillo (por sus padres, supongo) de todo lo que era la producción agrícola, pecuaria y toooodas las demás, y bueno, como decimos en Venezuela: se juntaron el hambre con las ganas de comer y ¡allá vamos, a trabajar la tierra!
Así fue la cosa, logramos hacernos de un terrenito y empezamos a meter animalitos. Comenzamos con pollos de engorde, primero para nosotros, luego para la venta; algunas personas a las que le hacíamos algún favor, en agradecimiento nos regalaron alguna cabrita (¡la gente de campo es muuuuy generosa!), luego compramos otra y así fuimos formando un rebañito. Luego decidimos meter gallinas ponedoras. Nos pusimos a leer (allí fue cuando entendí que no sabía nada 😐), aprendimos un montón de cosas de la cría de gallinas y nos lanzamos, ¡llegamos a tener tres mil gallinas ponedoras produciendo! Era realmente emocionante entrar a los corrales y recoger esa cantidad de huevitos, que además de grandes eran exquisitos pues nuestras gallinas eran camperas. Tuvimos unas pocas en jaula (las primeras) pero la cara de locas que tenían esas gallinas no era normal, así que decidimos dejarlas de su cuenta. Hicimos unos encierros amplios con nidos apropiados y las pastoreábamos. El único problema de tenerlas así era la persecución que te montaban cuando entrabas al corral, se venían todas encima y no te dejaban dar un paso!
Aquello era un sueño, todo muuuy relajante, los niños felices, nosotros tranquilos (las historias de la granja se las dejo para otro post), pero todo se acabó... Las medidas económicas del gobierno, la política de absurdos controles y todo lo que ustedes ya conocen de nuestro país nos obligó a dejar todo aquello.
Aún así, después de vender la granja y alejarnos por un tiempo de todo eso, no dejábamos atrás la idea de vivir en el campo y tener siembra y animales. Pero ya los peques estaban creciendo y había algo que nos preocupaba mucho: su educación. La educación en las zonas rurales en Venezuela es muy precaria. Poco o nulo acceso a las tecnologías de información, infraestructura poco adecuada y prácticamente no existen las bibliotecas en los pueblos. Bajo esas condiciones consideramos que no era apropiado para los niños. Así, enfocamos la cosa con una lente distinta: irnos al campo pero en las cercanías de alguna ciudad que ofreciera buenas instituciones de educación para los chicos, tratando de tener lo mejor de dos mundos, las bondades del campo con los privilegios de las ciudades. Y así llegamos a Paraguaná! No fue un mal cambio: una ciudad que iba creciendo, mucho más segura, el campo cerca y playas espectaculares 😉.
Pero lo del campo se nos resistía, la crisis que vivimos actualmente ya daba visos en ese momento, conseguir un terreno apropiado para la granja se complicó, los costos inalcanzables, etc., etc., etc.... Pero como a todo hay que mirarle el lado positivo, pues ¡Suerte la nuestra de tener una casa en una parcela relativamente grande!
Y tooodo este cuento para explicar el porqué decidimos tener gallinas en la casa 🙄.
Las buscamos, las instalamos en nuestro patio, les dábamos los restos vegetales de la cocina, maíz molido y otros granos, nos seguían por todo el patio y ponían unos hermosos huevos.... y envejecieron... Las gallinas tienen ciclos de postura, comienzan a poner por primera vez alrededor de su décima octava semana y lo hacen por un año aproximadamente. Luego viene una etapa de desplume (ellas mismas se sacan las plumas, se ven comiquísimas 😝) que dura como quince días. Durante ese tiempo no ponen nada y luego comienzan a poner nuevamente por un período más corto que el primer ciclo, y todo se repite otra vez. Cada ciclo es más corto que el anterior. Como entenderán, llega un momento en que no ponen más y si lo hacen es cada vez más espaciado.
En este punto ya las amenazaba con meterlas en una olla si no ponían! ¿Qué es eso de cuidar gallinas que se niegan a poner y alimentarte? ¡Quid pro quo! No hay huevos, no hay cariño! Pasaron varios días y nada ¡ni un huevo!
Un día se murió una de las gallinas, sospechamos que algún animal la picó (aquí se consiguen muchos animalitos como escorpiones y ciempiés) y mi esposo la enterró para evitar que los olores atrajeran alimañas, y bueno, no se si las otras gallinas sospecharon de la olla 😒, lo cierto es que en la mañana siguiente habían dos huevitos en el nido, los de la foto:
Al final, dejaron de poner, y...
Ahora, estoy a la espera de unas 12 gallinitas nuevas, pollonas de cuatro semana, para tener huevitos frescos dentro de un tiempo y por un buen rato. Hacía tiempo que no llegaban al mercado y había sido imposible remplazarlas pero finalmente esta semana nos dieron esperanzas de conseguir unas pocas 😃.