LO PERCIBÍ TRAS LA VENTANA
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Desde hace un rato, estoy mirando la calle, todo se fue tiñendo con un gris cenizo que enturbió toda la luz que percibo tras la ventana. Debí separar la cortina, aunque es traslúcida, pues hasta el verde intenso de las plantas de lechosa se matizó con tonos grisáceos.
Por alguna razón, las atmósferas grises siempre me producen melancolía, pero esta vez es algo distinto. Las dos de la tarde, un sol intenso que hace transpirar hasta el dorso de las manos y, sin nubes ni vientos, paulatinamente el gris lo va inundando todo. Reviso el reloj. Las 2:10. Sí, es temprano. Me quedo un rato en la ventana. La mano en la cortina, baja deslizándose por ella. El gris sigue ahí, en todo cuanto mi vista alcanza.
Imagen promocional del Concurso ()
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Algo no está bien, una lagartija corre por el cristal, se detuvo a mirarme con sus ojos saltones, pero rauda huyó de mi vista. También era gris. El miedo también es gris. Crece en gris y en sus dimensiones. El corazón tamborilea en mi pecho, pero tomé mis pastillas; debía estar tranquilo. Me llevo la mano al corazón. También ella está gris y, afuera, prácticamente negro. Un intenso rugido hace vibrar todo, hasta el suelo y del gris surge una llamarada, que lo espanta con sus chamizas, la tierra se sacude y la lava explosiva lanza sus propias hijas.
Contra todas las predicciones y según una infundada creencia, el Avila hizo erupción.
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Mi agradecimiento a y a los patrocinadores, actuales y por llegar.
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