Ya hemos dejado claro que si se nos estropea algo en nuestra cabecita, debemos ir a repararlo con especialistas. Pero para intentar que eso no suceda, ¿qué podemos hacer? Dedicar tiempo para escucharnos. Parar un poco en nuestra ajetreada vida y conectar con nosotros mismos.
No hace falta ponerse a meditar 3 horas, intentando mantener la mente en blanco. Con sólo 10 minutos basta. 10 minutos en los que encuentres un lugar tranquilo, en el que estar cómodo y en silencio. Ponte un poco de música si lo necesitas, quítate los zapatos, y la ropa que te moleste. Y dedícate a escuchar tu respiración, a sentir los latidos de tu corazón. Deja a un lado todo lo que te haya pasado ese día o en el pasado, o lo que te preocupa del futuro. Y conecta con tu presente: respiración y corazón. Si eso falla, ya sabes lo que puede pasar.
Así, el ejercicio y el movimiento son fantásticos (con moderación, como todo) pero si trabajamos también la mente y el espíritu, conseguiremos un equilibrio perfecto, y eso sí se refleja en el espejo.
La luz los bendice.