En el silencio reside l habilidad de escuchar: escucharnos y escuchar a los demás. Sentarnos en silencio nos permite escucharnos y comprender. Este silencio es capaz de sanar, las preocupaciones y el dolor pueden curarse cuando escuchamos. Necesitamos aprender a escuchar. La medicina espiritual está siempre presente en el alma. Cada vez que la necesitamos, sea cual fuere la medida en que la requerimos, podemos encontrarla en nuestro interior.
La enfermedad de la ira requiere la medicina de la tolerancia; el dolor de la desilusión necesita la medicina de la esperanza; la violencia de la venganza y el rencor necesita del perdón; el temor requiere el valor; el ego necesita el autorrespeto. Por medio del silencio interno recibimos la fortaleza para sanar.
Escuchar genuinamente significa que podemos percibir la realidad. El estar en silencio vemos nuestro verdadero yo. si estamos tranquilos y en silencio, si entramos en nuestro interior, tenemos la visión de nuestra bondad original, nuestro verdadero yo. El ego, la ira, el temor y los deseos erróneos han creado diversas enfermedades de nuestra mente y corazón. éstas no son parte de nuestro ser y hemos crecido y creído en ellas por mucho tiempo. Es en el espejo del silencio donde vemos nuestro yo original, donde nuestra identidad espiritual se vuelve realidad y no una esperanza remota. Es por ello que para consolidar esta realidad debemos destinar un pedazo de nuestro tiempo al silencio, debemos escucharnos.
una vez que hayamos aprendido escucharnos disfrutaremos de escuchar a los demás. Lo que ofrecemos de corazón da calidad a nuestras relaciones. Una relación genuina es perdurable y constante.