Si algo que me encanta es poder enseñar y compartir de esos conocimientos que voy adquiero en la vida, pero cuando se trata de enseñar algo relacionado a la pastelería, para mí son esos momentos dulces que me permite tener la vida, que a pesar de lo agotador que pueda ser, cuando las personas a las que se enseña disfrutan de las preparaciones y la ponen en práctica, entonces ha valido cada minuto invertido.
Esta semana estuve dando un pequeño taller de pastelería. Fue un taller de varios días, donde se enseñó a preparar un ponqué de chocolate, un ponqué de vainilla y como realizar el estilo cebra. También se aprendió a preparar galletas de mantequilla, pasta seca al estilo venezolano y la masa original danesa. Este taller no podía terminar sin que los participantes aprendieran a preparar un pastel húmedo de chocolate con la ganache y un panqué de limón con mi mágico glaseado real de limón.
Fue un taller bastante divertido, a pesar de ser un grupo pequeño, la pasión por querer aprender y emprender, estaba presente y eso hacía que todas las clases fuera divertidas y enfocadas en aprender. Toda persona que ha estado en un taller conmigo, sabe que nunca les comparto nada más la receta, siempre doy todos los tips que pueda para que todo les salga bien en casa, a veces creo que hablo muchísimo, pero esos cuadernos se van llenos a casa jeje.
Una de las cosas que me encanta de estos talleres, es el recuerdo bonito que te llevas de cada persona que asiste. Uno nunca quiere que termine la semana, pues de cada persona siempre aprendo y me permite crecer como personas al conocer como es la vida de cada persona que presente. Considero que es un ganar ganar, yo transmito conocimientos de pastelería, pero lo que yo aprendo de cada una de las personas, considero que es más valioso y me permite crecer muchísimo en la vida.
Este taller lo di en una escuela pública de mi ciudad, tengo una amiga que es directora de ese colegio y siempre está organizando actividades extras que permitan a las personas aprender habilidades que les permitan ser autosuficientes. Una de las cosas que me encanta que hace mi amiga es agregar a la matrícula de los niños, aprendizajes adicionales que les permitan aprender habilidades que les sirvan para emprender. Entre esas enseñanzas se encuentra la zapatería, panadería, pastelería, entre otros. Estos talleres principalmente se les dan a niños de 6to grado, aquellos que tienen entre 11 y 12 años de edad. La idea es que desde niños aprendan y desarrollen habilidades que les sirvan a su vida para ser autosuficientes.
Yo le he prestado apoyo en dar algunas clases cuando se trata netamente de cosas de pastelería. Una de las veces que fui, se enseñó a preparar un pastel húmedo de chocolate. Fueron como 60 niños en total, todos emocionados aprendiendo y uno al final se termina yendo del lugar al verlos con las caras felices. Cuando estuve dando este nuevo taller, me enteré que una de las niñas que aprendió a preparar el pastel de chocolate, puso en práctica la receta y ha estado vendiendo trozos de pastel y con el dinero ganado, se ha comprado ropa y ahora está reuniendo para comprar un smartphone.
Cuando me entero de este tipo de cosas, puedo decir que es gratificante el poder saber que los conocimientos que se comparten, es apreciado por los demás y que lo pongan en práctica y les vaya bien, es de las mejores recompensas que se puede obtener. Siempre que el tiempo me lo permita, acudiré a enseñar todo lo que sea relacionado a la cocina, no importa si es en el lugar más humilde o más lujoso, al final lo que importa es que todos aprendan y salgan con una sonrisa de oreja a oreja.
Todas las fotografías fueron tomadas por mí con un Realme 7 pro. No autorizo a nadie reutilizarlas. Las fotografías en el taller con los niños fueron tomadas por las docentes presentes y compartidas conmigo.