Plato navideño venezolano
Soy una fan absoluta de la comida navideña y de las que piensa que deberíamos promover el comer más a menudo algunos de estos platos durante todo el año, pero entiendo que eso les quitaría parte de su encanto.
Ya sé que muchos dirán que si aprendo a hacerlos puedo tenerlos disponibles cuando quiera, pero es que la cocina no es lo mío. Aprendí a hacer el típico pan de jamón por ejemplo, que es un vicio total para mí, y a pesar de obtener buenos resultados no me llama la atención para nada la idea de ponerme a prepararlos.
Yo prefiero ser una gran compañía para el que desee cocinar, proveer lo necesario para realizar las distintas elaboraciones y por supuesto, colaborar con el tema de la limpieza, que a nadie le gusta pero que a mí me hace sentir util.
Es por esto que durante estas navidades, mientras estaba de visita en casa de unas amistades entrañables muy lejos de casa, me pusieron un vasito de Ponche crema casero, hecho por uno de ellos, para que me sentara muy tranquila a disfrutar del proceso de preparación de la cena navideña que tendríamos ese día.
El Ponche crema estaba muy rico, más cremoso de lo usual porque así lo prefería su creador, pero con el distintivo toque del ron que tanto me gusta.
Es un ponche de huevo con una elaboración muy parecida a la de cualquier crema de licor popular, solo que en esta siempre se utiliza el ron como base y no whisky o brandy como en la gran mayoría.
Cuando estaba cerca de volar a Santiago de Chile, lugar donde pasé mis fiestas, nuestra amiga y cocinera estrella me preguntó cuál plato principal prefería para la cena navideña. Entre las opciones mencionó el Asado negro y yo ya no leí más. Aunque en navidades siempre he sido más de pavo y pernil por tradiciones familiares, tenía mucho tiempo sin comer el Asado negro, que es de mis platos favoritos en el mundo, además estaba más que segura de que este iba a salir espectacular.
Una de las cosas que más disfruto de este plato es el olor que se desprende durante su preparación mientras se carameliza con panela (azúcar de caña), es irresistible y eso que apenas es el principio de una delicada cocción en olla de presión, y para la que no a todo e mundo le queda el punto adecuado.
Yo no sé cual es el secreto de mi amiga, porque no se guarda detalles, pero la carne le quedó súper suave y jugosa, todo un logro pues este corte tiende a ser demasiado seco si se cocina mal, y es difícil conseguir un Asado negro que esté preparado a la perfección, por suerte este lo estaba y también estaba a mi total disposición.
Yo creo que hay gente que realmente tiene buena mano en la cocina y hace que comer sea todo un placer. También tendrá algo que ver lo de comprender el proceso por el que pasan los alimentos al someterlos a distintas condiciones, la temperatura, el punto y muchos factores que, me comentaba ella, le emociona registrar y evaluar. En fin que al que le gusta, le gusta.
Las hallacas sí estaban listas ya para mi llegada, es una elaboración que se toma mucho tiempo y que suele hacerse en grandes cantidades, ellos hicieron unas 40 para todo diciembre y con algunas de esas construimos nuestro plato navideño del 24 de diciembre.
Las hallacas cambian mucho según la tradición de cada familia y la sazón del cocinero, el gusto que éste le otorga. En mi casa por ejemplo les echan huevo cocido, no sé por qué ni de dónde surgió esa costumbre pues no tenemos familiares de las zonas donde eso es común. Lo que sí es cierto es que muy pocas veces me encuentro con hallacas que lo incluyan.
Las que comimos esa noche eran estilo caraqueño total, con un inconfundible sabor a hogar y un gusto maravilloso. Estaban tan buenas que repetí, al igual que todo lo demás para qué lo voy a negar.
Cuando llegó el momento de la elaboración del pan de jamón me emocioné mucho, es algo que me encanta y que en mi adolescencia prefería desayunar siempre durante el mes de diciembre antes que cualquier otra cosa.
Este pan crea en navidad sensaciones similares a los tequeños durante el resto del año, gustan a todo el mundo y en cualquier país en el que llegan a comercializarse, triunfan. Pude comprobar que en Santiago de Chile había una alta demanda de estos y no se limitaba solamente a los Venezolanos residentes en ese país, sino que también a muchos lugareños.
Los ingredientes usados en los nuestros fueron de muy buena calidad, a pesar de que el jamón que originalmente se utiliza no se consigue fuera de Venezuela, si se emplea un buen jamón éste le otorgará el sabor adecuado.
Un detalle que me gusta mucho de la forma de hacer los panes de jamón de mi amiga, es que antes de armarlos unta la masa extendida del pan con la grasa de unas tiras de bacon previamente cocinadas. Esta receta es, como todas las de la cena navideña, realmente muy calórica pero suele comerse en una pequeña porción de acompañamiento.
Yo estaba demasiado contenta con todo. Los panes de jamón quedaron preciosos y no pude evitar pedirles una foto con uno de ellos porque me parecían demasiado fotogénicos y que nadie con un ejemplar de esos al lado podía salir mal.
Como si no fuera suficiente y para terminar de agasajarme, nos saltamos los postres típicos y decidieron hacer un tiramisú, un postre que me encanta y que mi amiga tenía muchas ganas de intentar hacer, no lo había hecho ella nunca aunque había visto muchas veces a su madre elaborarlo.
Quedó bastante decente para ser su priemera vez y para haber alterado un poco la receta por no fiarse de emplear el huevo crudo en la elaboración. Muy temeraria pero también complaciente.
Al haber quedado todo preparado con bastante antelación y aun teníamos que esperar unas horas para disfrutar de la cena, me ofrecieron probar unas galletas muy típicas en la capital chilena durante la época decembrina, para que no estuviese todo el rato pidiendo probar cosas.
Así que mientras pasaba el rato charlando con quien no se estuviese preparando el outfit, entre ponche y ponche, probamos las Galletas de navidad. Al parecer no son muy fáciles de conseguir pues mis amigos estaban celebrando haberse topado con ellas en un puesto de venta en el metro, por lo que decidieron comprar varias de una vez.
Son unas galletas con un ligero sabor a jengibre y bastante crocantes. Buenas para acompañar algún café pero creo que no tan conveniente con el ponche que yo estaba tomando ni con la cerveza que vino después.
Al final nos quedó una mesa navideña muy bien montada, con detalles para complacer a todos durante la cena, que estuvo además bien acompañada por una ensalada de gallina de esas que uno no quiere compartir y que, al día siguiente da para rellenar las arepitas del desayuno con mucho gusto.
Ahora que lo pienso, el haberme distraído probando galletitas hizo que olvidara documentar la elaboración de la ensalada, pero recuerdo haber escuchado que el truco estaba en las proporciones del aderezo, y sé que alguno tomó clara nota de ello porque nuestra querida cocinera no iba a estar presente para la cena de fin de año.
Es muy difícil juntar solo a venezolanos y concebir que la cena no esté compuesta principalmente por estos platos, elaboraciones típicas de la cocina de nuestro país de origen con enfoque navideño.
Es una forma de hacer que ese día sea realmente especial, porque nosotros sí tenemos platos que se elaboran particularmente para ese día y que, además de estos que nosotros disfrutamos en esta oportunidad, hay otras opciones y acompañamientos únicamente decembrinos.
A mí en lo particular me encanta esa costumbre y comida que tanto cuidamos, y viajando me he dado cuenta que en muchos lugares del mundo esto no sucede. La comida puede no ser protagonista de las festividades o simplemente es cualquier cosa que pueda parecer especial, no platos particulares para esa fecha.
Con esto no me refiero a todo el mundo, pero sí me parece curioso que en algunos lugares juntan lo que se le ocurra cocinar a cada uno y disfrutan sin importarles que no tengan su versión de la hallaca, por decir algo. Es una cuestión de costumbres me imagino, porque también conozco a algunos venezolanos para las que estas fechas son una tortura pues no disfrutan de los platos típicos.
Yo a pesar de estar de visita en Chile no tuve la oportunidad de pasarlo con una familia local y conocer cuáles eran sus costumbres para estos días, así que es una tarea que sigo teniendo pendiente. Es algo difícil siendo que son fechas para pasarlo con los familiares, pero me faltó un poco de empeño en descubrir platos navideños del país.
Para la cena del 31 de diciembre fue algo totalmente distinto al día de navidad. Nada de lo afirmado anteriormente se cumplía en este caso. Pasé fin de año con personas totalmente distintas, de nacionalidades mixtas y con iguales ganas de beber que de comer.
Es verdad que el último día del año suele ser más fiestero que la navidad, pero no por eso hay que descuidar la comida. Lo bueno es que en mi familia solemos estar rodeados de personas que tienen eso claro y al estar casi de infiltrada en la celebración de los amigos de mi hermana pude comprender cómo resultaba una cena de fin de año más cosmopolita.
Sorprendentemente me encontré con una fuerte influencia española en el menú. Cierto es que en Latinoamérica muchas comidas de esta procedencia son consideradas como especiales, motivo por el que nos sorprende tanto ver que en España el jamón serrano, por ejemplo, es algo tan común y accesible como para que los niños lo lleven de merienda al colegio dentro de un pan.
Me encontré con una especie de barra libre para el vermú, una enorme mesa con picoteo en donde había desde aceitunas y frutos secos hasta pulpo a la gallega y tortilla de patatas.
Tengo que destacar esta última, luego de haber probado tantas tortillas de este tipo en España, puedo decir que esta estaba realmente buena.
Me quedé con las ganas de saber quién fue el que la había elaborado pero sinceramente conocía a menos de la mitad de los invitados y no pude interceptar al creador para felicitarle.
Y por supuesto el plato estrella de la noche era una Paella, un arroz más asociado a la idea que tenemos los latinos de este plato que a lo que es realmnte. Eso no le quita que tenga buen gusto, pero es muy difícil obtener un resultado similar al original sin el arroz indicado y el gusto que el azafrán puede aportarle, elementos que no son de fácil acceso en esta parte del mundo.
Era un arroz rico, con un caldo de fondo mejorable pero con un producto del mar muy bueno, aunque un poco pasado de cocción, esto último creo que por desconocimiento pues los anfitriones la encargaron a algún centro de distribución en donde se la entregaban casi lista, teniendo que terminarla unos minutos antes de servirla. Y con unas cuantas copitas de vino encima no sé yo si el tiempo era el correcto.
Pero yo realmente estaba muy agradecida, me pareció que la idea era darle un alto nivel a la cena con una comida extranjera y creo que eso les hacía mucha ilusión. Si me hubieran servido el mismo plato antes de haber vivido en España seguramente no hubiese comentado ninguno de los detalles anteriores y creo que eso es lo que hace a la comida tan interesante.
Refuerza mi principio de no comparar sin tacto platos de comida distintos, se supone que esto era una paella claro, pero la versión latina de lo que nosotros creemos como tal. Este arroz se parecía mucho a las paellas que yo había comido en Venezuela, por eso entiendo la diferencia.
Si me hubiesen dicho que la hizo un chef Español pues ya mi opinión sería muy distinta, porque en su lugar de origen sí que son muy cuidadosos con la elaboración y además conciben el plato de una manera muy distinta a nosotros.
Por último y para poner un broche de oro a estas comilonas que cerraron el 2022, disfrutamos de varios postres. Pude probar por un lado unos pasteles de una muy reconocida franquicia Chilena, Factory Nine, que resultaron ser muy buenos y por otro lado un Panettone italiano importado que estaba maravilloso.
Los pasteles eran, uno de chocolate con más chocolate que estaba sumamente bueno y el otro de zanahoria sin azúcar, que me sorprendió bastante por lo gustoso que estaba a pesar de ser edulcorado con algún otro elemento sin calorías.
Estas comidas fueron un gran cierre para un año en que la gastronomía estuvo siempre presente en mi recorridos y en las historias que he contado en esta plataforma.
Quise que fuera también mi primer blog en 2023 para partir con buen pie y atraer más de esto, que pueda tener la suerte de seguir compartiendo los descubrimientos culinarios que se me presenten y que partiendo de comunidades como esta, que nos abren el espacio para expresarnos, podamos seguir creciendo y construyendo Hive.
¡Feliz año nuevo.!
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Photo credits: All of the photos in this post were taken by me with my Iphone 11 and belong to me.