Nota de la autora: El siguiente relato está inspirado en la canción Karma. Tercer relato de una serie que estoy publicando exclusivamente en Hive, cuyos enlaces comparto por si gustas leerlos:
En soledad
La renuncia
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Mary cerró los ojos y suspiró hondamente. Por un momento pensó que estaba cometiendo una tontería. Cualquier persona normal se estaría sometiendo de inmediato a un tratamiento de quimioterapia con previo conocimiento de los familiares y amigos. Al menos una persona temerosa del escrutinio y el juicio social haría eso. Mary, por el contrario, sintió que no tenía nada qué perder.
Muchas veces se había preguntado qué defecto tenía como para que fuera fácilmente olvidada. Quizás era una persona aburrida, y la gente sentía pena en decírselo porque no quería ofenderla, ni siquiera sus padres o su ex novio. O quizás ella era un simple accidente de la vida, como una de sus tantas tías solía llamar a aquellos que nacían sin ser deseados.
Quizás... Quizás... Tantos quizás, tanta pérdida de tiempo en pensar qué defectos tenía y muy poco tiempo para vivir sin límite.
"¿Hola?", respondió una voz al otro lado de la línea.
"Charlotte, soy yo".
"¡¿Mary?! ¡¿Dónde estás?! ¿Estás bien?".
"Estoy bien; solo necesitaba estar sola, lejos de todo".
"¿Dónde te encuentras? Mi padre irá por ti.
"No es necesario, Charlotte. Llamo para decirte que encontré otro trabajo en otra ciudad. Me marcho hoy mismo".
"¡¿Qué?!"
"Adiós, Charlotte".
Sin darle tiempo a su prima de responderle, colgó la llamada y apagó el móvil. Tomando sus maletas, caminó por los amplios pasillos del aeropuerto. Los nervios aumentaban conforme avanzaba hacia la salida, rogando en silencio que el VPN móvil hubiese funcionado.
En definitiva, muchos la juzgarían por su egoísmo pero pocos comprenderían sus razones.
Estaba muriendo lentamente; en el transcurso de las tres semanas que permaneció aislada del mundo, sintió a veces que la tráquea se le cerraba, dificultándole la respiración. No obstante, no le impidió sentarse en la computadora y empezar a investigar por su cuenta los trámite de migración y residencia, mucho menos empezar a aplicar a distintos empleos así como en programas de maestría en el país a donde había llegado. Con perseverancia, llamadas telefónicas y navegación en internet, Mary pronto obtuvo un pequeño empleo en una secundaria. El sueldo no era muy bueno, pero le ayudaría a completar los gastos generales y colegiaturas.
Mientras abordaba el taxi que la llevaría a su nuevo departamento, miró por la ventana los grandes edificios que se levantaban, testigos de la historia de una pequeña nación con una larga historia.
Un solo pensamiento estaba en su mente: Si iba a morir, sería sin dramas, lágrimas falsas, amistades ausentes y familia indiferente. Moriría sola o acompañada, dependiendo de cómo se comportara la gente con ella.
Moriría sola, pero sin ningún arrepentimiento.
