"¡Sophie, por favor, déjame explicarte!", me rogó mi ex novio, Brandon Holm, mientras que yo caminaba por los pasillos de la facultad con mis libretas en mano.
Hace unas semanas empecé un nuevo semestre en la carrera de Literatura en la London College University. Por supuesto, eso significaba que tenía que ver al idiota de lunes a viernes en las clases que compartíamos. Fue incómodo al principio; me dieron ganas de hacerle una escena, de darle una bofetada o de patearle las pelotas. Sin embargo, hice un esfuerzo titánico por controlarme; imbéciles como Brandon no merecían ni que se les mirara.
Opté por ignorarlo en todo, hasta en las reuniones que teníamos con amigos en común. Solo Cres y Fray, mis amigos más íntimos, estaban al corriente de lo que había sucedido entre nosotros. No era fácil para mí estar en esta situación, pero creía que era lo mejor. No quiero ni pensar qué hubiera sucedido si yo me hubiese atrevido a hablarlo; capaz su madre intentaba arrojarme un auto encima.
Brandon sintió que mi actitud estaba siendo muy agresiva, algo irónico porque él también había tratado a sus ex de ese modo. Como decía mi abuelo, trata como te gustaría que te traten.
El tipo continuó rogándome que le escuchara, que todo tenía una explicación. Harta de sus ruegos, le dije de forma terminante que no quería saber nada de él ni de sus excusas, pues lo que ellos me habían hecho en Hungría no tenía nombre; ni siquiera el calificativo de "lamentable" era suficiente para describir toda la clase de sentimientos que tuve al saberme abandonada a mi suerte en medio del bosque, sin nada más que la ropa que llevaba puesta.
Bien pude haber presentado cargos en su contra por tentativa de asesinato, como me aconsejó el primo de Cres, pero no quería salir en los tabloides a nivel nacional. Por eso opté por marcharme del departamento y cortar toda comunicación con él, con su psicótica madre y demás familiares.
Entré al salón en donde me tocaba la siguiente clase; él entró detrás de mí, mas no avanzó mucho. El profesor Falstaff le cerró el paso. Brandon le suplicó que me diera unos minutos para hablar con él, pero Falstaff se lo negó. Las siguientes palabras que escuché me dejaron estupefacta:
"Lo que le has hecho en Hungría es un delito, ¿no sabías?".
Todos se quedaron asombrados, incluyendo aquellos amigos que teníamos en común. Algunos compañeros que estaban cerca de mí me preguntaron de inmediato qué me había hecho. Yo no quería decir nada; me sentía muy mal e incómoda. Brandon, por su parte, no supo qué decir ante las palabras del profesor Falstaff; en su cara podía notarse que se sentía avergonzado de haber sido descubierto.
Con un semblante tranquilo y una marcada furia en su voz, el profesor añadió: "No sé cómo tienes valor para rogarle que te escuche y no para detener a tu madre cuando la abandonaron en el bosque, robándole hasta su pasaporte para que no pudiera volver. Que qué diablos pensaban los dos al hacer eso es cosa de ustedes, pero cualquier otra persona habría optado por terminar la relación de manera civilizada e ir cada quien por caminos separados. Fue una suerte que un amigo mío la haya encontrado antes de que le sucediera alguna desgracia; de lo contrario, quizás estarías encubriendo a una delincuente".
Amigo... Oh, por Dios..., pensé ante la súbita realización de a quién se estaba refiriendo.
No me imaginé que mi profesor de Literatura del Siglo XIX era amigo de Jacob Fairchild. De hecho, estoy sorprendida de que él estuviera enterado de aquella situación. Sin embargo, recordé luego que Cres me había contado que Jacob suele reunirse con sus amigos y parientes en su departamento luego de un viaje largo. Quizás durante la plática salí a colación.
Brandon intentó decir algo con qué defenderse, pero para ese entonces varios de mis compañeros se pararon y se pusieron detrás del profesor, dispuestos a golpearlo si aún así trataba de entrar al salón. Incluso uno de sus amigos le gritó una serie de insultos, claramente avergonzado de tener por amigo a un cobarde.
Viéndose superado en número, e instantáneamente habiéndose ganado la enemistad de todo el salón, mi ex decidió que era más prudente retirarse.
Algunos de mis compañeros se acercaron para preguntarme si me encontraba bien y si necesitaba algo; incluso el amigo que insultó a Brandon se ofreció a acompañarme a casa. Les dije que todo estaba bien, que les agradecía su apoyo y apreciaba sus atenciones.
Después de la clase, me acerqué al profesor Falstaff y le agradecí su intervención.
"No te preocupes. Si necesitas algo, puedes recurrir a cualquiera de los profesores. Todos están enterados de lo sucedido", me replicó. "Lo único que te aconsejaría es que mantengas tu distancia de él y de su madre. No sabemos qué otras cosas pasan por la mente de esa señora".
"Pierda cuidado, profesor Falstaff. Ellos no saben en dónde estoy".
Fuente de la imagen: Pexels
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