¿Una trampa del destino?
Una presencia a su lado lo hizo volverse rápidamente, casi de inmediato se puso en pie, pero frenó sus palabras en el último momento. Un silencio incómodo se instaló a continuación.
Roger hizo un gesto de resignación, y prefirió evitar comentar el claro hecho de que no era la persona a la que Lucian estaba esperando.
—Aquí estás —dijo—. ¿Es aquí donde pasas el tiempo últimamente?
Lucian asintió y se sentó en el banco de nuevo. Roger hizo lo propio, y se quedó en silencio durante un momento breve, observando a las personas en su ir y venir, y meditando acerca de cómo acercarse a su hijo.
—¿Cuándo volviste? —preguntó Lucian, tomando la iniciativa.
—Hace pocas horas. Tu madre me dijo que casi no estás en casa, así que vine a buscarte...
Lucian se puso tenso.
—Para saludarte.
El muchacho observó a su padre, como para descubrir en su rostro si hablaba en serio o mentía.
—¿De verdad?
—Pues claro, ¿No estoy aquí?
Lucian se encogió de hombros.
—Últimamente tienes asuntos importantes que atender. No puedo creer que estés perdiendo el tiempo en esta plaza, así que pensé que mamá te había mandado a hablar conmigo.
Roger intentó reír, pero era una habilidad que había ido perdiendo con el tiempo, por lo que el sonido que salió de su boca fue extraño y murió antes de tiempo. Lucian se dió cuenta que intentaba ser amable, aunque no le salía del todo bien.
—No sé qué pasó entre tu madre y tú, pero es algo que ustedes deben resolver —dijo, y luego de una pausa dónde se quedó mirando a la nada, agregó—: es mi culpa que pienses así. Sobre el tiempo, ya sabes. Pero te equivocas, no lo estoy perdiendo si estoy con mi hijo, aunque no esté trabajando. La familia es importante, y yo la he descuidado mucho últimamente.
—¿Quieres decir que...?
—Que estaré más en casa, sí.
Lucian se quedó callado, tratando de asimilar las palabras de su padre. Esta vez, a Roger le salió mejor la risa.
—¿No me crees? Te lo demostraré. Vamos.
El muchacho dudó, pero luego de ver el reloj en su muñeca, decidió levantarse y hacer lo que su padre decía. Miró atrás algunas veces, pero el banco donde estuvo sentado permaneció vacío, bañándose con el sol del atardecer. Exhaló silenciosamente, y trató de tener una mejor actitud. Si su padre lo estaba intentando, él también lo haría.
—¿A dónde vamos?
Minutos después, se encontraban sentados comiendo hamburguesas en el que consideraban el mejor local de la ciudad. Como postre tomaron helado y después se dirigieron al cine.
—¡Años sin venir al cine!
Lucian sonrió. Era cierto, hacía tiempo que su padre no hacía ninguna de esas actividades que antes acostumbraban. Su madre salía más con él que con su esposo, se preguntó si acaso eso le molestaba alguna vez, pero de ser así, no lo demostraba.
Era de noche cuando regresaban a casa. El ambiente en la camioneta era ligero, agradable. A Lucian le recordaba la sensación que quedaba en el pecho después de reír mucho, y le gustaba, pero en el fondo sabía que no duraría mucho.
La culpa se escapaba por pequeños resquicios, borrándole la sonrisa por momento. No podía dejar de pensar, ése era su problema. Cuando todo acabara, los pensamientos lo arrollarían. ¡Que así fuera!, Mientras tanto...
—Me agradó la salida de hoy —dijo Roger, después de estacionarse frente a la casa. En vez de bajarse instantáneamente, se quedó al volante, dándole pequeños toquecitos con los dedos—. No obstante, es algo que no puedo repetir seguido, por más que lo quiera. ¿Entiendes eso?
Lucian lo miró extrañado. ¿Y qué había sido todo eso que le había soltado en la plaza?
—No me mires así, lo de pasar más tiempo con mi familia era en serio, pero tampoco puedo descuidar el trabajo, ¿verdad? Así que estuve pensando que podría combinar ambas cosas.
—¿A qué te refieres? —preguntó. Deseó no haberlo hecho, presentía que lo que vendría después no le gustaría, pero tampoco pudo salir huyendo de allí. Tarde o temprano su padre lo alcanzaría de todas formas.
—¿Quieres acompañarme en mi trabajo, Lucian? Quiero que veas algo.
—¿Con la empresa de...?
Su padre negó vehemente con la cabeza, y sonrió de un modo extraño. Después de todo, no había perdido la habilidad. Solo que esta sonrisa no le gustó a Lucian. Lo que vendría a continuación tampoco.
—Es algo personal que seguramente pondrá tu mundo de cabeza, pero te hará abrir los ojos desde ahora y prepararte para afrontar una posible situación incómoda en el futuro. Una cosa así no puede mantenerse en secreto, mucho menos con los tuyos. Al final, cuando nosotros no estemos, ustedes tendrán que encargarse de nuestros asuntos, ¿No es así?
Lucian deseó que los secretos se quedaran dónde estaban y permanecieran lejos de su alcance, pero una vez su padre se decidía a algo, no esperaba ninguna respuesta por parte de los demás.
Esa noche volvió a su habitación con una mirada triste en los ojos, sintiendo que algo lo estaba arrastrando y que no iba a poder zafarse fácilmente. Quizá no tenía elección, quizá el destino había hecho su jugada.