«No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura»
—Rubén Darío
La ciudad de Jadid
Un ambiente de tensión y peligro dominaba en la zona. Los tres viajantes se encontraban rodeados por extraños individuos que parecían de otro mundo. Los apuntaban con extrañas armas mientras los obligaban a entrar de manera forzada en sus enormes y monstruosos automóviles. Mauricio observaba con curiosidad aquellos raros medios de transporte, preguntándose cómo era posible su movimiento.
—Será mejor que se mantengan en silencio o ya verán. —Dijo uno de los humanoides, el cual tenía aspecto masculino, más robusto que el resto de su estirpe, con la piel gris clara como la de las piedras de los ríos, los ojos amarillos y penetrantes como los de un reptil y los cabellos gruesos y amontonados como trenzas naturales.
Ángel, Karina y Mauricio, se quedaron callados durante todo el trayecto y miraron por las ventanas de las puertas ya dentro de los autos. Podían vislumbrar gradualmente como el paisaje desértico se desvanecía convirtiéndose en un entorno más asfaltico y lleno de edificios. Comenzaron a escuchar murmullos que provenían de sus captores, los cuales, podían entender perfectamente. Hablaban de una ciudad llamada «Jadid» y que ya estaban póstumos a entrar.
Fue en ese momento en que Mauricio, quien estaba justo al lado de una de las puertas, se asomó más por la ventanilla para observar lo que había. Unas enormes puertas de acero se abrieron con celeridad sin permitir que los formidables automóviles que transportaban a nuestros tres personajes, se detuvieran o descendieran la velocidad.
Mauricio en su ojeada pudo vislumbrar torres de fuego que se posaban en los edificios circundantes. Había diferentes viviendas de varios pisos echas con ladrillos cocidos enormes de color blanco como el armiño que se encontraban a los lados del camino. Había humanoides cruzando la calle y apartándose rápidamente para dejar pasar a los automóviles en los que se encontraban nuestros tres asombrados héroes. Cruzaron un gran puente levadizo que a su vez, poseían una especie de escáner laser que los identificó al llegar, y dicha maquina activó una alerta que advirtió la llegada de los celadores a quienes iban a recibirlos.
Karina estaba sumamente asustada, no sabía que esperar; tomó la mano de Ángel con fuerza y éste, como de costumbre la abrazó fuertemente susurrándole al oído de que no se preocupara. Sus palabras de aliento tranquilizaron un poco a la abrumada mujer, mientras que Mauricio solo observaba por la ventana, asombrado y perplejo por todo lo que veía. Hubo un momento en su observación, que pudo vislumbrar a la distancia una especie de campo proliferado de rocas negras azuladas; ya se encontraban en un camino bastante elevado, puesto que estaban subiendo por una vía en la superficie de una gran torre, y en las alturas, fue que Mauricio pudo detectar con la vista aquel amplio terreno.
Ya dentro de la torre, se detuvieron en una plataforma circular por unos segundos. Uno de los captores hizo una señal con la mano y el guardia solo tuvo que jalar una gran palanca para elevarlos hacia el punto más alto. Allí, los esperaba una especie de comité; siete criaturas humanoides más pero con aspecto diferente.
Hacia al fondo y en medio de todos los demás, estaba sentada una criatura que parecía ser la más superior. Su rostro era más delicado que el resto de humanoides, con las mismas características pero más esbelta. Vestía ropas limpias y blancas y ostentaba suntuosos objetos alrededor de su cuello, brazos, piernas y cintura; eran de colores amarillos y verdes tan deslumbrantes y hermosos, que podían notarse a kilómetros de distancia.
Junto a ella y en cada lado, había otros dos humanoides con aspecto más aguerrido, tosco y robusto. Poseían una musculatura no mayor a la del captor principal de nuestros héroes y sus armas extrañas colgaban de sus hombros. Junto a ellos habían otros dos pero con apariencia más pacífica y serena; llevaban largas y amarillas túnicas, y eran delgados con rostros finos y serios, tenían aspecto de ser dos clérigos con rangos muy importantes.
Finalmente, nuestros héroes fueron forzados a bajar del automóvil donde estaban retenidos y llevados frente al gran comité. Allí los humanoides se quedaron observándolos por un buen rato hasta que uno de ellos habló. —La criatura sentada en el fondo que parecía ser el centro de todo el comité—.
—Dannius, ¿que son estos extraños seres que has traído a mi salón? —Dijo el humanoide femenino con voz fina y señorial.
—Los encontramos en el desierto luego de presenciar un intenso resplandor, que provino casualmente donde estos seres se encontraban. Creo que ellos no son de aquí y lo que vi fue una especie de señal cósmica.
—¿Cósmica dices? —Prorrumpió uno de los humanoides con aspecto sacerdotal, el que se encontraba a la izquierda. —Las señales cósmicas no vienen de la nada, vienen del universo y lo sabes muy bien Dannius.
—¡Si, ya lo sé Thortos! —Respondió el humanoide fornido. —Eurora, por favor, debemos descubrir el origen de estos seres, quizás nos puedan ayudar a detener la Clarman.
La hermosa humanoide se levantó de su lujoso asiento, observó a su alrededor miradas de consejos y luego dio unos pasos hacia el frente para dar sus firmes palabras.
—Sabes muy bien Dannius, como todos en Jadid, que la Clarman no puede ser detenida de otra forma sino en una guerra contra los Siprión, sé que no quieres eso, nadie lo quiere, pero es la única forma de sobrevivir. Nuestra ciudad no podrá soportar otro ataque eventual como el reciente, sino nos preparamos, Jadid y todos sus habitantes perecerán.
»Debemos hacer todo lo que está en nuestras manos, evitar la Clarman en nuestra única prioridad ahora. Eres fuerte y valiente pero ingenuo, ese siempre ha sido tu defecto… hermano.
El gran humanoide, captor de nuestros héroes, agachó la cabeza en modo de vergüenza mientras Mauricio lo observaba con detenimiento y curiosidad. Fue entonces que se decidió en medio de toda su impresión, interrumpir la conversación con uno de sus locos argumentos.
—Disculpen ustedes pero si quieren una opinión de nosotros, que somos unos simples extranjeros, se las brindaremos sin dificultad alguna.
—¿Qué estás haciendo Mauricio? ¡Será mejor que cierres la boca! —Dijo Ángel gruñendo asustado.
—¡Sí! Vas hacer que nos maten. —Indicó posteriormente Karina con el corazón a mil por hora.
Mauricio hizo un gesto con la mano hacia atrás para ambos como señal de que tenía un plan para buscar una salida a esa situación. Todos los demás humanoides lo observaron con detenimiento tomando esa interrupción como una falta de respeto imprudente.
—¡Silencio! ¡No se te ha dado permiso para hablar! —Expresó uno de los hombres aguerridos que estaba junto a la reina de Jadid.
—Déjalo que hable Gorgori, veamos que tiene que decir. —Musitó la reina de Jadid mientras agitaba con su mano derecha sus largas trenzas oscuras sostenidas por hilos dorados.
—Gracias su majestad. —Dijo Mauricio exponiendo un gesto de respeto. —Bien, ese Clarman que ustedes mencionan nosotros podemos detenerlo, de hecho vinimos a eso, es nuestra misión de venir aquí.
Ángel y Karina se quedaron impactados por las mentiras que Mauricio aseveraba. El resto de los humanoides lo miraron con intriga especialmente la reina, quien dio unos pasos más para acercarse a Mauricio, se inclinó para tener una vista frente a frente con él y luego farfulló.
—¿En serio? Dinos entonces como detener el Clarman.
CONTINUARÁ...
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. Miercoles 12 de agosto del 2020
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