Y así se fue otra semana más.
El lunes arrancamos con stretching. Ya he contado antes lo mucho que me gusta esa clase y todo lo que me ayuda, así que tampoco me voy a repetir demasiado, pero sí siento que me ayuda muchísimo a soltar el cuerpo y darle movilidad después de tantas cargas de entrenamiento.
El martes tocó pista. Me mandaron 8 series de 800 a ritmo de 10K y honestamente estuvieron fuertes. De esas tareas que una empieza confiada y a mitad del entrenamiento ya está negociando mentalmente con la vida. Pero me gustaron muchísimo. Terminé cansada, sí, pero con esa sensación rica de haber trabajado bien.
El miércoles retomé el gimnasio. Por ahora voy lunes, miércoles y viernes. Mi rutina normal: piernas y glúteos, porque claramente una quiere correr montaña pero también sobrevivir las subidas sin morir en el intento.
El jueves tocó entrenamiento de cuestas en Catalán. Todo iba bien hasta que el reloj con GPS decidió entrar en crisis existencial y no me dejó hacer la tarea como era. En un punto mi entrenador me dijo: “olvídate del reloj y corre por sensaciones”. Y sí… uno se da cuenta de lo mucho que depende de la tecnología cuando algo tan simple te cambia el ánimo del entrenamiento. Da frustración porque una va enfocada, planificada, pendiente de ritmos y números. Pero bueno, tampoco podemos dejar que un aparato nos arruine el día.
El sábado me fui para la montaña. Hicimos un trabajo de desnivel positivo con una técnica que planificamos mi entrenador y yo, y honestamente dio buenos resultados. Sentí que el cuerpo respondió bien. Aunque la gripe me está respirando en la nuca. Siempre me pasa igual: primero se me tranca el pecho y después viene la gripe completa. Ahí voy, sobreviviendo.
Y hoy domingo nos fuimos al reconocimiento de ruta de la One Run, la carrera del próximo sábado. Me gusta mucho porque se hace simultáneamente en varios países y todo es igual: el uniforme, la medalla, la escenografía… se siente como algo grande. El año pasado regalaron cupos y participó muchísima gente del equipo. Este año tocó pagarla y bueno… ya saben cómo cambia la historia cuando no es gratis.
Voy a correr 10K, aunque esta carrera es tipo B. Mi entrenador me dejó clarito que no me voy a volver loca buscando tiempo, aunque yo sí quería. Pero bueno, toca hacer caso.
Y para cerrar el entrenamiento como se debe: empanadas. Carísimas, pero demasiado sabrosas.
Ya se terminó la semana y estamos a mitad de mayo. Qué rápido va todo.
La originalidad es lo que mueve nuestro mundo