Hoy cerré mi último entrenamiento oficial y la sensación es indescriptible. No fue la sesión más larga ni la más intensa, pero sí la más significativa. Mientras mis pies marcaban el ritmo sobre el asfalto, sentí cómo cada kilómetro recorrido en estos meses de preparación cobraba sentido. Este próximo domingo 8 de febrero no es solo una carrera; es la culminación de un proceso de disciplina, madrugadas y superación personal.
Lo confieso: hoy corrí con una sonrisa extra. Tuve el honor de estrenar la franelilla oficial del equipo, la misma que me acompañará en mi primera maratón. Sentir la tela, ver los colores que representaré y visualizarme cruzando la meta con ella puesta me dio un impulso eléctrico. Me siento preparada, fuerte y, sobre todo, lista mentalmente para el desafío.
Ya no hay espacio para las dudas, solo para la confianza. El plan de entrenamiento se cumplió con rigor y mi cuerpo está en sintonía con mi mente. Ahora toca descansar, hidratar y cuidar cada detalle para el gran día. La suerte está echada y el corazón está encendido. ¡Nos vemos en la meta, esos 42.195 kilómetros me están esperando y estoy más que lista para conquistarlos!