A solo tres semanas de debutar en los 42.195 kilómetros, la pista de atletismo de Machiques se convierte en el escenario donde se forja la confianza. El entrenamiento de hoy no es solo físico; es una prueba de fuego mental: 20 series de 400 metros. Con el sol característico de la región apretando, la sesión comenzó con una rutina meticulosa de ejercicios preparativos. Movilidad articular, técnica de carrera y progresiones cortas para despertar las fibras rápidas y garantizar que el cuerpo responda con eficiencia mecánica, minimizando el riesgo de lesión en esta etapa crítica.
Al iniciar las series, el objetivo es claro: mantener la consistencia. Cada vuelta al óvalo es un compromiso con el ritmo objetivo, buscando esa sensación de "esfuerzo controlado" que será vital en el muro del maratón. El viento en la recta y el sonido rítmico de las zancadas marcan el compás. A medida que avanzan las repeticiones, la fatiga acumulada intenta desdibujar la técnica, pero es ahí donde se entrena la resiliencia. Cruzar la meta de la serie número veinte deja una satisfacción única: las piernas arden, pero el corazón late con la seguridad de quien ha hecho el trabajo sucio. Ya no hay marcha atrás; el volumen está en las piernas y la meta del maratón se vislumbra más cerca que nunca.