Correr mi primer maratón no fue solo una prueba de resistencia física, sino un viaje emocional que culminó en los 42.195 kilómetros más intensos de mi vida. Participar en la Maratón CAF fue la elección perfecta; la energía de Caracas, el Ávila de fondo y el rugido de la gente en cada kilómetro me impulsaron cuando las piernas empezaban a flaquear.
Cruzar la meta con un tiempo de 4 horas y 02 minutos superó todas mis expectativas. Mantener un pace constante de 5:45 fue el resultado de meses de disciplina y madrugadas de entrenamiento. Durante la carrera, cada zancada se sentía como un desafío ganado al cronómetro. Hubo momentos de duda, especialmente al llegar al kilómetro 30, pero la determinación de convertirme en maratonista fue más fuerte que cualquier cansancio.
La sensación de ver el arco de meta a lo lejos y saber que el objetivo estaba cumplido es indescriptible. Me sentí increíble, fuerte y capaz de todo. Terminar con ese ritmo en una ruta tan exigente me llena de un orgullo profundo. Esta primera experiencia no es solo una medalla en el pecho, sino la prueba de que los límites están para romperse. ¡Hoy puedo decir con alegría que soy maratonista y que Caracas fue testigo de mi mejor versión!