Mi desafio de Entrenar por las calles de Machiques de Perijá para enfrentar los 35 kilómetros del Maratón CAF es una experiencia que trasciende lo físico; es un desafío de voluntad bajo el imponente sol zuliano. Cada madrugada, antes de que el calor se vuelva implacable, mis zancadas recorren las avenidas de este pueblo ganadero, teniendo como testigo silencioso a la Sierra de Perijá que se alza en el horizonte.
La preparación en Machiques exige una disciplina de hierro. Correr por la Avenida Santa teresa y los alrededores de la Plaza Bolívar me permite aclimatar el cuerpo a temperaturas extremas, convirtiendo el sudor en la prueba tangible de mi progreso. Los fondos largos son los más exigentes; en ellos, la mente juega un papel crucial para mantener el ritmo mientras los kilómetros se acumulan en las piernas. Cada gota de esfuerzo busca fortalecer la resistencia necesaria para conquistar el asfalto de Caracas.
Este entrenamiento no es solo una búsqueda de marcas personales, sino un homenaje a mis raíces. Sentir el apoyo de los vecinos y la energía de mi tierra me impulsa a no rendirme. El objetivo es claro: llegar a la línea de meta del CAF con la frente en alto, llevando conmigo la esencia de Perijá. Estoy listo para convertir cada kilómetro recorrido en Machiques en la fuerza necesaria para triunfar.