En el transporte colectivo es cuando más me ocurren los “extravíos”. Como ya les he comentado no hay ninguna señal previa que me indique cuando me voy a meter en el pensamiento de la otra persona. Sencillamente ocurre; no tiene que ver con la edad o el sexo del otro. De pronto, sin que yo lo pueda controlar, me encuentro observando los pensamientos ajenos…
Era una tarde lluviosa, pocos pasajeros compartían el transporte donde yo me encontraba. En una de las paradas subió un hombre sesentón, de aspecto fuerte, muy bien conservado, solo unas pocas arrugas alrededor de la boca delataban su edad. Tomó asiento hacia la parte delantera, casi a su lado iba una señora con un niño de unos diez años, en sus manos el niño llevaba una pequeña caja de cartón…
Algo de aquello llamó la atención del hombre. Enderezó el cuerpo y fijó la mirada en la mujer y el niño. Desde mi posición no podía yo saber qué había motivado aquel sobresalto. Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro, la inquietud creció en su interior. Simultáneamente comencé a sentir una ligera brisa en mi rostro…había llegado ya…me había conectado en su visión.
Tendría el hombre unos doce años, estaba vestido de estudiante, pantalón beige y camisa blanca, era un muchacho taciturno y reservado. Ese día se sentía muy emocionado. Por los parlantes de liceo habían dicho su nombre, había quedado tercero en la primera ronda del torneo de Ajedrez…
El niño-hombre recordaba cómo había sido el camino para llegar a ese acontecimiento. Todo fue obra del profesor de matemática, un hombre gentil, amoroso y entregado a su profesión. Un día el profesor pasó por todos los salones del liceo anunciando el comienzo de un torneo de Ajedrez. No había ningún requisito para participar, solo el deseo de hacerlo. Ni siquiera no saber jugar era excusa para excluirse del torneo, puesto que el profesor, personalmente, se dedicaría a enseñar a los que quisieran.
El muchacho nunca había oído hablar de aquel juego. La curiosidad lo impulsó a participar. Rápidamente aprendió los primeros movimientos, y el profesor notó que había en él mucha facilidad para entender lo relacionado con ese maravilloso juego de estrategia. Al poco tiempo comenzó a jugar partidas, rápidamente se convirtió en un fuerte contendiente. En el juego su personalidad cambiaba, de muchacho taciturno se tornaba en fiero competidor. Para sorpresa de muchos logró clasificar para representar a todos los de su año, un gran logro que nunca olvidaría…
El hombre no dejaba de pensar en todo lo que aquel juego había significado en su vida. Gracias al empuje de aquel profesor había conocido el triunfo, había sentido que era capaz de alcanzar los logros que se propusiera. Esa experiencia del torneo lo había marcado, le había servido para convencerse que si podía abrirse camino hasta alcanzar el éxito...
La señora pidió parada. En ese momento me desconecté de la visión. Ahora sí pude divisar lo que había llamado la atención del hombre, en el borde de la caja se leía la palabra, “Chess”.
Llegue a mi destino y me bajé. El hombre continuó su viaje...Caminando yo pensaba en lo azarosa que es la vida, en los misterios de lo que algunos llaman la sincronización. En como algunas personas, como aquel señor, solo necesitan un pequeño empujoncito para encontrar su camino…para convencerse que sí pueden…
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Las fotos, la edición digital y los Gifs son de mi autoría.