Permanencia voluntaria
Las palabras explotan entre tus dientes
como palomitas acarameladas
de una matiné de domingo,
mientras el sonido surround de la existencia
lanza lamentos y gritos, que como fantasmas
atraviesan la sala de extremo a extremo.
Casi puedes sentir el aliento del protagonista
cuando dice: "me rindo",
y los créditos finales empiezan a ascender
desde el fondo de la pantalla.
Ahi están todos los que fueron extras
y co-estelares de tu vida,
y tu miras sus nombres esperando que al final
haya una escena post-créditos
que te diga que sigue,
ahora que terminó tu historia.
Pero no hay nada, solo un fade out a negro,
y una intensa luz que inunda la oscuridad
desde las puertas que se abren para desalojar la sala.
Muerdes con tus muelas del juicio
una última palomita que estalla
diciendo "adiós",
y te levantas con la bandeja vacía
de lo que fue tu vida, entre tus manos.
Entiendes entonces
que en esta sala de proyección
no hay permanencia voluntaria,
y mientras te sacan del edificio,
tu solo alcanzas a repetir de nuevo,
ahora ya sin público y casi en silencio:
"me rindo".
©bonzopoe, 2021.
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