Zeus:
Quizás te sorprenda encontrar esta carta en el pequeño recibidor de nuestra habitación y que no encuentres mis cosas en mi baúl.
Como habrás figurado, me marché del Olimpo. Te dejo ahí, con tu caos y tus amoríos; ya no soporto más esta situación humillante de ser la cornuda de la relación, de verte corretear por ahí poniendo el maldito pito en cada hueco que se te ocurra, de castigar a toda aquella que haya sido objeto de tus "atenciones" (porque estoy consciente de que no todas han aceptado tus atenciones; a algunas las has tomado bajo engaños o a la fuerza), y de tener que estar recordándote cuan secretaria sobre tus jodidos deberes como rey de los dioses.
Me harté de esto, Zeus. Me harté de que me faltes el maldito respeto QUE MEREZCO como esposa. La verdad no sé cómo coño pude fijarme en ti habiendo otros de mejor talante y talla, como Prometeo o Ixión, a quien debí haberle aceptado su propuesta de ser mi amante cuando tuve la oportunidad, ¡tonta de mí!
Ni te molestes en buscarme, porque NO voy a regresar contigo a esa vida.
Hera.
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