Cada vez se habla más y más de feminismo. En las redes sociales, los espacios públicos, ciudadanos, gobernantes, dirigentes y celebridades, casi todos tienen algo que decir y una opinión que dar con repecto a este tema, pero me he dado cuenta de que no muchos lo comprenden verdaderamente. Es por eso que considero tan valiosa esta pequeña joya que es Todos deberíamos ser feministas de Chimamanda Ngozi Adichie.
El libro es de formato pequeño, tiene poco más de cincuenta páginas, pero con buen humor y un lenguaje sencillo expone un relato fluido, una conversación amena entre la autora y sus lectores sobre un tema que a menudo genera diferencias entre quienes lo debaten.
Chimamanda inicia diciendo que “La palabra feminista está sobrecargada de connotaciones negativas”. Incluso muchos de nosotros hemos oído términos como feminazis o afines, provenientes de quienes entienden el feminismo como un extremo, como un radicalismo que busca imponer una visión antipatriarcal y de alguna manera cambiar de opresor, pero mantener la opresión. Muchas personas piensan, y los he oído, que el feminismo es una corriente que busca denunciar el dominio histórico del hombre sobre la mujer para cambiar el papel y que sean las mujeres quienes ahora dominen a los hombres, como si más que un cambio de conciencia se buscase un cambio de administración. Pero realmente no es así.
La autora nigeriana menciona dos hechos importantes que hay que considerar. Primero dice que “Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, acaba siendo normal” y por eso estamos tan acostumbrados a ciertos ideales que fueron la norma durante tanto tiempo. Anteriormente la fuerza física era clave para liderar. Ya no. Los tiempos han cambiado y debemos dejar atrás ciertos tipos de pensamiento.
La otra idea, a menudo mal entendida por las personas al hablar de feminismo, es que la igualdad entre hombres y mujeres no es posible. Dice Chimamanda: “Hombres y mujeres somos distintos. Hormonas distintas, órganos sexuales distitnos y capacidades biológicas distintas”. El feminismo por tanto no persigue una igualdad entre hombres y mujeres sino eliminar las expectatias de género, de todos los géneros.
“El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente. Imagínate lo felices que seríamos, lo libres que seríamos siendo quienes somos en realidad, sin sufrir la carga de las expectativas de género”
Alrededor del mundo la mayoría de los cargos de poder y prestigio están ocupados por hombres y existen muchas sociedades en las que la masculinidad está vinculada al dinero. Enseñamos a las niñas a que el chico debe pagar y esto no sólo las anula a ellas como artífices de sus acciones sino que impone un peso sobre los varones quienes se sienten presionados para demostrar su masculinidad por medios materiales. Eliminar esta presión sobre ellos también es feminismo, “tenemos que criar a nuestras hijas de otra forma. Y también a nuestros hijos”.
“¿Por qué enseñamos a las niñas a aspirar al matrimonio, pero a los niños no?” se pregunta la escritora y agrega que “Nuestra sociedad enseña a las mujeres solteras de cierta edad a considerar su soltería un profundo fracaso personal”, en cambio si el hombre no se ha casado a cierta edad es porque no ha elegido y eso lo hace más interesante. Pero a la vez que imponemos a las mujeres la idea del matrimonio, hemos criado a nuestras niñas “para esperar tan poco de los hombres que la idea de que puedan ser seres salvajes y sin autocontrol ya resulta más o menos aceptable” y “enseñamos a las chicas a tener vergüenza” como si las condenáramos a la infelicidad de antemano, como si sólo por ser mujeres ya fueran culpables de algo y como si no pudieran aspirar a algo más. “Pasamos demasiado tiempo enseñando a las niñas a preocuparse por lo que piensen de ellas los chicos. Y, sin embargo, al revés no lo hacemos”. Hay que acabar con esto.
Chimamanda también se dirige a quienes eligen hablar de Derechos Humanos en general sin enfocarse o centrarse específicamente en ningún grupo: “Elegir usar la expresión genérica “derechos humanos” supone negar el problema específico y particular del género” y es que el problema no es ser un ser humano sino pertenecer al género femenino.
Cuando dos personas tienen el mismo cargo en una empresa y cumplen las mismas funciones, pero a la mujer se le paga menos solamente por ser mujer, no es un problema sólo de derechos humanos; cuando a una niña se le enseña a aspirar sólo a ser una buena esposa y tener hijos para cumplir su rol de mujer, no es un problema sólo de derechos humanos; son problemas o situaciones en las que se condena el hecho de ser mujer. Por eso es importante entender el feminismo como la igualdad de oportunidades y la igualdad de reconocimientos, de méritos. Entregar o quitar algo por el simple hecho de ser mujer es tan errado como hacerlo por el simple hecho de no serlo y entender esto no es tan difícil, pero es necesario difundir el mensaje para que la gente lo asimile y se cambie la cultura: “La cultura no hace a la gente. La gente hace la cultura”.
Por supuesto que existen muchos más libros sobre feminismo, más largos, más profundos, más exhaustivos sobre el tema, pero creo que es ideal comenzar a abordar el tema por esta obra debido a su sencillez y claridad. Además existen varias ediciones, hay una ilustrada orientada a niños y niñas y otra que además del texto original incluye un segundo texto sobre Cómo educar en el feminismo que hace un gran complemento. Tal como lo expresa Chimamanda Ngozi Adichie Todos deberíamos ser feministas y yo creo que todos deberíamos leer este libro, ¿alguno lo ha leído? ¿conocen a la autora? Los leo en los comentarios.