Desde hace muchos años sigo principios de alimentación vegetariana, esta manera de alimentación me cautivó porque nos invita a hacernos consciente de nuestro cuerpo y todo con lo que lo alimentamos. Al principio no sabia cocinar nada y se me estaba hacienda muy complejo comer y sentirme bien. Conocí a otras personas vegetarianas que seguían los principios de la gastronomía hindú y me dediqué a estudiar y aprender para comer mucho mejor y más balanceado.
Este mundo de esta gastronomía me enamoró porque me identifiqué con su filosofía, la comida como alimento para el cuerpo y para el alma, como podemos llegar a cambiar nuestro sentir solo con lo que comemos y hasta la manera como la preparamos. Eso me pareció algo maravilloso y que quería tener presente en mi vida de ahora en adelante.
Y así fue como con el pasar de los años incorporé a mi estilo de vida cocinar con especias, estar en la cocina rodeada de aromas tan deliciosas sin duda hace de el cocinar algo que uno se disfruta el proceso y luego la degustación de lo que se prepara.
En un taller de experiencias artisticas donde estuve participando recientemente nos tocaba realizar una actividad performatica sobre algo que estuviera en nuestra cotidianidad, y yo estaba pensando en miles de cosas y un día estando en la cocina preparando algo de comer se me ocurrió que esa seria mi acción, quién dice que todo el acto de preparar algeun tipo de alimento no es un performance? Yo decidí que si lo fuera y poner todo lo mejor de mí en ello para compartirlo con el grupo de compañeros del taller.
Cocinar para mí es un acto de amor, pero al compartirlo estamos llevando ese amor hacia otras personas, y eso es lo que me encanta de la cocina, en lo personal yo disfruto mucho preparar cualquier tipo de alimento, es un momento íntimo, meditativo, me relaja, me hace sonreír, y cuando lo voy a compartir con otros me pone doblemente feliz.
En la gastronomía hindú se sostiene que a través del fuego se transmiten las energías de las personas que están cocinando, y esto lo tengo presente tanto cuando cocinó para mí como cuando cocino para otros. Y con esa actitud me dispose a hacer esta actividad performática en el taller que involucraba preparar algo rápido por el tiempo y los compañeros lo pudieran probar. Durante la preparación les expliqué porque escogí la receta del arroz dulce de la abuela para compartirlo con el grupo, esta receta es como sentir ese abrazo de mi abuela en mis tiempos de niña, probar su arroz dulce era una especial de caricia y eso era lo que buscaba lograr que el grupo también sintiera. La receta contó con una variación que yo le hice que era el uso de algunas especies arómaticas para el arroz dulce como: canela, cardamomo, clavo y laurel.
Llegado el momento de la degustación, el rostro de felicidad de cada uno fue especial para mí, todos disfrutaron mucho este postre, pero no solo comerlo sino todo el proceso que dió en su entorno. Logré que hicieran un viaje a sus sabores de infancia donde uno se siente tan pleno con las aromas de las cocinas de las abuelas. Cocinar nos alimenta de manera integral si nos hacemos consciente de ellos, así que los invito a que en algún momento de sus rutinas de dediquen a preparar algo con alegría, con amor, dedicación pensando en que no solo comerán sino que alegraras los corazones de todos los comensales que lleguen a probarlo. Cocinar de manera conscientes nos libera de ansiedades, de estrés y hasta de malos momentos, se los dejo como recordatorio que de siempre es posible cambiar como sentirnos respecto a algo con pequeñas acciones. Si llegaste hasta acá muchas gracias por leerme, si deseas compartir algo, con gusto te leo en los comentarios.
Todas las fotografías pertenecen a la Corporación Atabanza y con mucho gusto me permitieron usarlas.
Sobre Mi
"La fotografía me lleva a integrarme desde una perspectiva única con mi entorno, plasmando a través del lente, aquello trascendente para mi"