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De inmediato reconocí el número de mi casi futura suegra en la pantalla de mi teléfono. Ignoro quién le habrá dado mi contacto, pero si de algo estoy segura es que no voy a contestarle, sino que bloquearé su número de inmediato.
El profesor Falstaff me había aconsejado que nunca vuelva a contactar con ella ni con su hijo Brandon, con quien tuve una relación de apenas cuatro meses. Mucho menos que responda a mensajes, emails o llamadas suyas. Si Letizia Holm fue capaz de dejarme abandonada en el bosque, entonces era capaz de todo, hasta de arrojarme su auto encima cuando salga de mi departamento.
Temerosa de que quizás haya conseguido mi dirección, aceché discretamente por la ventana.
"Mierda...", murmuré al reconocer el convertible Mustang rojo que estaba estacionado cerca del edificio y a su dueña, una mujer de unos 48, 50 años con blusa y pantalones elegantes.
Tomando mi teléfono, llamé a la primera persona que tenía en mi mente.
"¡Hey, Sophie! ¿Cómo estás?", me saludó Crescida Ferguson, amiga mía de la escuela.
"No tan bien como quisiera, Cres", le contesté honestamente. "Adivina quién está estacionada con su Mustang rojo a pocos metros de mi casa".
"¿Estacionada? Joder... ¿La mamá de tu ex?"
"¡La misma! Y ella trató de contactarme por teléfono".
"Espera un momento... ¡¿Qué ella qué?! ¡Es una locura! ¿Cómo consiguió tu número?"
"De seguro algún amiguete de Brandon o alguien de la compañía telefónica se lo dio", repliqué mientras observaba a la bruja caminar hacia el edificio. "¡Diantres! ¡Viene hacia acá!"
"¿Recuerdas el escondite que la señora Goodnight te mostró?"
"Sí".
"Bueno, no es exactamente un escondite, pero sí un pasadizo que te puede llevar al metro; lo sé porque muchas de las inquilinas de la señora Goodnight lograban escapar de sus ex tóxicos por ahí. Cuando estés en el escondite, ve por tu lado izquierdo y avanzas hasta llegar a unas escaleras; por ahí bajas y sigues en el pasillo de tu lado derecho, por donde continúas avanzando hasta llegar a una puerta. La abres y sales por ahí. Enseguida verás que estás en la estación del metro que está cerca de Lambeth. ¡Ahora ve y no te detengas! Yo llamaré a la señora Goodnight y le explico lo que sucede".
Sin perder tiempo, empaqué mis cosas y me dirigí hacia el hermoso ropero de caoba que estaba en mi habitación. Haciendo a un lado mi ropa, apreté ligeramente el fondo de madera; éste se abrió, dando paso a una especie de pared de un metro de grosor. Para evitar que ella me siga, cerré ambas compuertas del clóset, puse mi ropa en su lugar y cerré la puerta del escondite. Poniendo en silencio el teléfono, encendí la linterna y alumbré el espacio.
Efectivamente en ambos lados no había pared; era un pasillo. Hice tal cual y como me instruyó Cres. Corrí lo más rápido que pude.
Para cuando me daba cuenta, había llegado a la estación del metro, en el lado de la taquilla. Llamé de inmediato a Cres; ésta, aliviada, me dijo que podría ir si quisiera a su departamento y pasar ahí la noche, ofrecimiento por el cual estoy muy agradecida. En cuanto a la señora Goodnight, Cres me dijo que ella ya estaba lidiando con la señora Holm. Me sentí muy mal por aquella bondadosa dama; no quería involucrarla en un problema, pero Cres me dijo que no era la primera vez que lidiaba con gente como Holm.
Mientras estaba en el metro, recibí una llamada de Brandon. Lo bloqueé de inmediato. No sé qué pretenden hacerme esos dos, pero no lo conseguirán. Minutos después recibí otra llamada, esta vez de un número desconocido. No contesté tampoco esa llamada.
No pasó un minuto cuando recibí un mensaje de ese número desconocido. Lo que decía me hizo temblar de escalofríos: Deshazte de tu teléfono; tiene rastreador.
Sentí que la paranoia entró a mi mente. ¿Rastreador?, ¿cómo era eso posible si el bendito teléfono siempre estuvo conmigo?
Un nuevo mensaje salió en la pantalla. Lo que decía me hundía aún más en la paranoia: Holm te vendió a traficantes de mujeres desde antes de las vacaciones de Hungría.
No lo pensé más. Me bajé dos estaciones antes; en las afueras, coloqué con discreción el teléfono en el bote de basura y enseguida corrí por las calles hasta llegar a una esquina, en donde pedí taxi con dirección a la casa de Cres en Brady Street.
