La primera vez
No se trataba de no tener tiempo, era que aún intentaba postergar el momento, aunque fuera inevitable, lo más posible. Lucian se dedicaba de lleno a sus estudios, y cuando no, se sentaba en cualquier sitio, solo. Desde que Maryse se había recluido en su habitación, no había abandonado esa soledad.
En los últimos días parecía estar perdido y cualquier lugar le servía para matar el tiempo. Cualquiera lejos de su hogar, lejos del padre que quería revelarle un secreto que «pondría su mundo de cabeza», lejos de una existencia que no debió ser descubierta.
Desde esa conversación con su padre no había podido evitar internarse por pensamientos inquietantes, los recuerdos que había enterrado salían a flote, aún cuando intentaba reprimirlos de nuevo. ¿Cómo decirle a su padre que sabía de Eso que quería mostrarle?
De verdad había olvidado el asunto, el error era haber pensado que todos, viviendo a su ritmo, también lo harían. En el fondo sabía que eso era lo que quería creer, que la verdad era que habían descubierto algo que no iban a dejar ir tan fácilmente.
La modalidad de las personas era alterar algo hasta obtener alguna respuesta, alguna reacción. En vez de retirarse a tiempo se quedaban agitando las cosas, y en ocasiones se hacía demasiado tarde para cambiar algo. Llegado a un punto, un punto en específico, ya no se podía volver atrás. Su padre quería involucrarlo en un asunto que solo podría complicar las vidas de todos. Olía el peligro pero nadie más parecía hacerlo.
Respiró profundo y se levantó del banco donde se encontraba. Otro día en el que Maryse no había aparecido. Se dirigió a su casa, en una marcha lenta y pesada. Había decidido que era mejor formar parte del «secreto» y no de la ignorancia. Lo demás lo decidiría sobre la marcha.
Después de la cena, su padre le hizo una señal y salieron de casa. Lucian pensó que tomaría las llaves del carro, pero en vez de eso se dirigió por un sendero del bosque. Mantuvo la boca cerrada, después de todo, su padre no estaba enterado de que había estado husmeando en sus cosas.
El corazón le latía acelerado en el pecho, por lo que escuchaba la voz de su padre lejana. Decía algo acerca de riesgos, seguridad, y confidencialidad, pero Lucian estaba concentrado en la sensación reseca de su garganta.
—Y bien, ya llegamos —dijo Roger, quizá pensando si había sido una buena idea llevar a Lucian hasta allá o no, después de todo, no pareció haberle prestado ni un poco de atención. Suspiró.
—¿Cuándo construyeron esto? —preguntó Lucian, asombrado. El lugar donde estaba la construcción había pertenecido a su abuelo, pero siempre había sido un pedazo de tierra despoblada.
—No tiene mucho tiempo aquí. Elegimos este lugar por la falta de visitantes. Lo que necesitamos es privacidad, hasta decidir qué hacer.
Lucian sentía que la cabeza le daba vueltas, pero siguió a su padre dentro de la pequeña instalación.
—Ven, no hay nadie.
El sitio estaba oscuro, y Roger fue encendiendo las luces a medida que se internaba por el lugar. Llegó hasta una puerta gris y se volvió para mirar a su hijo, como no obtuvo ninguna reacción más que espanto en el rostro de Lucian, terminó de abrir la puerta y se internó en la habitación.
—Lucian, te presento a «Verde».
En el fondo de la habitación había un pequeño cuadro al que estaba confinada una criatura de origen desconocido. Hacía más de un año Lucian no se imaginaba que conocería alguna vez a la protagonista del cuaderno de anotaciones de su padre, y sin pedirlo ni buscarlo todo se dió de esa manera.
Vio con asombro y con sus propios ojos algo que el cuaderno no podía describir. Conoció de cerca su verdadero color de piel, el aura que la rodeaba, imaginó la textura de su cuerpo. Los colores y las formas parecían insuficientes para describirla, imprecisos. Cómo si su ser no pudiera ser abarcado dentro de unas cuantas y simples palabras.
Había algo que el cuaderno también había omitido, y es esa mirada cargada de intención con la que Verde veía. Quizá su padre estaba pensando lo mismo en ese momento, porque lo miró con asombro y fijamente.
—Es la primera vez que siente curiosidad por algo —anunció.