«Las acciones humanas son las intérpretes de nuestros pensamientos.»
—John Locke
Misión cumplida
La noche antes del encuentro parecía ser más larga de lo normal. Nuestro grupo de cazadores buscaban incansablemente al resto de las criaturas hibridas. Dicha misión era imperativa para evitar que la maldición de Radath se propagara sobre la humanidad, según eran las indicaciones de los emisarios del octavo planeta.
Al parecer, Catarina no había sido del todo sincera con el resto del equipo que ella había logrado reunir. Contó sobre la necesidad de detener dicha maldición, pero no relató sobre las visiones y los extraños que habían visitado sus territorios oníricos. La ambición y el sentido oportunista de Catarina, fueron convencidos por las promesas de aquellos seres cósmicos.
Las inteligentes identidades también tenían como objetivo detener la maldición en la Tierra, que no es más que un nodo que se conectaría con el resto de planetas inteligentes. Radath era un mago, un ser con conocimientos supremos sobre el universo, pertenecía a la línea de guardianes del origen; la cuna de toda la vida de la creación, pero sus objetivos se frenaron por un cambio en sus ideales.
Radath no estaba de acuerdo de que la energía Yid, la fuente inagotable, fuese utilizada por otras razas inferiores, ya que ellas no poseían control en sus acciones y eran demasiado ambiciosas para ostentar un poder tan supremo. Los demás sabios no estuvieron de acuerdo con los argumentos de Radath y lo contradijeron, asegurando que la energía puede otorgarse con asesoramiento y supervisión para el buen uso de su poder.
A pesar de los planes de alianza de los demás sabios, Radath nunca estuvo de acuerdo, tuvo que tragarse sus palabras y ocultar sus intenciones verdaderas para formular su nueva sociedad. No podía compartir sus nuevos designios con nadie excepto con alguien de su entera confianza, y fue así, como organizó la sociedad secreta de «Los nueve», los precursores del Armagedón.
Fue así como Los nueve, según instrucciones de Radath, enviaron a cada planeta de especie inteligente calificada como «inferior», un capullo de especies hibridas diseñadas biológicamente y fisiológicamente para soportar con naturalidad, las condiciones atmosféricas, climáticas y de gravedad del planeta específico al que iban a nacer; por ejemplo, los híbridos mitad saltamontes y mitad humanos, eran los ideales para desenvolverse en el planeta Tierra porque físicamente poseían las capacidades para habitar allí.
Todo estaba minuciosamente dispuesto para la extinción de las especies de cada planeta, ya que cada grupo de híbridos, después de un periodo de tiempo, generaban una acumulación de esporas que los hacían explotar, liberándolas en el aire para propagarse con gran rapidez, sin embargo, estas partículas extraterrestre no podían conseguir desarrollarse por sí solas sin radiación solar y sustento, es por esta razón que las únicas necesidades básicas que se indujeron en ellos fueron la búsqueda de refracción y comida.
Una vez terminado su periodo de vida morían expulsando las esporas, las cuales contenían un virus mortal que deterioraba a un organismo vivo en un periodo no mayor de ochenta y seis horas, a este virus inducido se le llamó; «La maldición de Radath». Cuando los emisarios del octavo planeta se dieron cuenta de esto, emprendieron misiones a los diferentes nodos para así evitar que se propague la maldición, y de esta manera, salvar a todas las razas inteligentes inferiores.
Catarina sabía todo esto, de hecho, esa fue la misión a la que fue encargada, pero no podía contar todo lo que sabía o sería más difícil conseguir gente que le creyera, es por esta razón que tuvo que mentir hablando un poco de la maldición y del encuentro que tendría con los emisarios, pero no habló del porque había que reunir a los nueve híbridos y entregarlos a esos seres. Quizás se debía a la falta de confianza de Catarina con el resto de las personas y de que no quería compartir la recompensa con el resto de sus compañeros, a lo mejor, lo cierto es que, jamás compartió sus razones.
Esa misma noche, cuando el grupo fue formado, trabajaron incansablemente hasta encontrar a las demás criaturas restantes. Solo faltaban cuatro por hallar desde que presenciaron el cadáver de una, lo que motivó la conformación del grupo, y gracias a la tecnología que Catarina manipulaba pudieron avanzar con mayor rapidez. Una vez hubieron encontrado a una de las criaturas fueron detrás de la siguiente detectada hasta que lograron capturar a la última la noche del siguiente día.
El descanso solo era necesario para comer o para dormir por un par de horas, puesto que no podían darse el lujo de perder el tiempo ya que faltaba poco para que la maldición ocurriera. En la noche del encuentro con los emisarios del octavo planeta, Catarina, Eusebio y Fabio, lograron capturar a la última criatura, a solo una hora antes del encuentro. Esa misma noche, una nueva desconocida se reuniría lo que para ella sería el reencuentro con los emisarios.
Aquella persona se trataba de Aniria Saens, quien fue encargada para una misión particular. Inicialmente comenzaría como una testigo, pero su papel en esta proeza no tenía nada que ver con Radath o con los cazadores de los híbridos, sino de ser portadora de un conocimiento que ayudaría al avance de la especie humana. Fabio se encontró con Aniria la noche en que fue capturada la última criatura, pero huyó despavorido y esta lo siguió hasta el lugar donde iniciarían el ritual.
—¡Dense prisa muchachos, traigan a las demás criaturas! El portal ya se abrió y los emisarios no tardarán en descender. —Dijo Catarina dirigiéndose por radio hacia Sandro y Nora, quienes se encontraban en un camión saliendo de aquella estación aislada de ASTRA.
Al llegar finalmente, los emisarios comenzaron a descender y la luz que emanaban cubrió todo aquel baldío desierto. Aniria desde una colina observaba todo con los ojos abiertos hasta el límite, ni la luz cegadora del cielo impedía que ella perdiera cada detalle. Las criaturas hibridas fueron colocadas en un círculo de luz y luego comenzaron a ascender hacia un túnel místico que se había formado en el cielo y fue cuando los emisarios ayudaron a recibirlas.
Una voz comenzó a hablar con Aniria, ella se quedó quieta y se concentró para tratar de entender lo que decía. Era bastante molesto sentir esas vibraciones taladrando sus oídos, pero finalmente la voz se hizo clara y pudo interpretarla.
—¡Ven! ¡Corre! Entra al círculo de luz para venir con nosotros, ¡no pierdas tiempo! ¡Entra! Si te tardas el portal se cerrará y no podrás acompañarnos, tenemos conocimientos que darte, sapiencias para ti y para toda tu raza. —Profirió la voz misteriosa.
Después de que las palabras cesaron, Aniria acumuló todas las fuerzas que tenía en sus piernas y corrió hacia la línea de luz. Los cazadores vieron como ella desde la distancia se acercó a toda velocidad y entró en el círculo. Comenzó a elevarse poco a poco y luego rápidamente, hasta que entró en el portal y este se cerró por completo.
Todos quedaron boquiabiertos sin tener idea de lo que había pasado, se preguntaron quién era ella y que hacía en ese lugar sola, pero luego sus incógnitas se calmaron ya que todo estaba en completo silencio. Se sintieron satisfechos porque habían cumplido su misión. Catarina se quedó mirando al cielo, preguntándose si recibiría su recompensa, esta vez, fue ella quien quedó atrapada en un limbo de expectativas.
—FIN—
Escrito por
. Lunes 3 de agosto del 2020
Otros relatos de la serie: La Maldición de Radath
| Primera Parte - El regreso | ![]() |
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| Segunda Parte - Radath | |
| Tercera Parte - Catarina | |
| Cuarta Parte - Los Cazadores | |
| Quinta Parte - En busca de los trofeos | ![]() |

