«La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo.»
— Adolfo Bécquer
Arrimando el hombro
Los automóviles se dirigieron rápidamente al desierto, haciendo caso sin rezongar a las indicaciones que exponía Mauricio. Ángel y Karina se tomaron de las manos y comenzaron a abrazarse, pero en realidad pensaban en un plan para salir ilesos de la situación en que Mauricio los había metido. No sabían con exactitud si Mauricio quería ayudar a esos extraños humanoides o simplemente quería huir, desintegrándose del lugar usando la máquina que los trajo hasta ahí.
Llegaron finalmente hacia los áridos terrenos atravesando la zona hacia su destino específico. Mauricio tuvo la sagacidad de ocultar el artefacto en una perforada abertura en la tierra donde habían llegado en mi primer lugar, lo cubrió de arena haciéndolo parecer una abolladura en el suelo arenoso y luego se unió a sus amigos para después ser capturado por Dannius y su grupo.
—¿Qué? ¿Por qué no nos habías dicho nada Mauricio? Pensé que habías dejado el artefacto tirado allí nada más, y que cuando dijiste que íbamos a recuperarlo pensé que era una de tus falacias. —Murmuró Ángel enfrentando a Mauricio con un poco de ira.
—De verdad Mauricio pareciera que nos estuvieras arrastrando a un abismo muy hondo en el que difícilmente vamos a salir. —Expresó Karina molesta y asustada.
—Tranquilos amigos, tengo un plan por si no lo han notado, desde que empecé a hablar con estas criaturas sobre el Clarman se me han ocurrido más y más cosas. Recuerden que debemos volver a nuestro hogar y esta es la única manera de hacerlo.
Ángel y Karina quedaron confundidos, pensaron que Mauricio en realidad quería ayudar a esos humanoides a solucionar su atroz situación, había dicho tantas mentiras que no sabían cual creer, pero esta vez parece que estaba siendo sincero.
—Espera, ¿no vamos a ayudarlos? —preguntó Karina oteando fijamente a los ojos indiferentes de Mauricio, sorprendida.
—¿En serio creíste todo es? —Contestó Mauricio —¿Cómo vamos a ayudarlos Karina? Piensa, no sabemos si quiera a que nos iremos a enfrentar, solo hemos escuchado historias de monstruos y frases extrañas referentes a este Clarman, y nosotros solo somos tres personas, ¿cómo vamos a detener algo como eso?
—Mauricio, —Arguyó Ángel a la conversación—te he visto enfrentarte a otras adversidades; enfrentaste peligros, viajaste por el mundo en míseras condiciones, cerraste los argumentos de otras mentes que no creyeron en ti, luchaste por aquello que los demás pensaban que era una incongruencia hasta que lo sacaste todo a la luz. Finalmente los rumores envidiosos y los sofismos maliciosos te exiliaron en ese júbilo que en mi opinión, aun no merecías, porque aún tienes demasiado que dar. Por eso sé que tú eres el único que puede hacer algo por esta gente, con nuestra ayuda por supuesto, puedes frenar la calamidad que arropa con crueldad este mundo.
Karina y Mauricio observaban con detenimiento a Ángel mientras exponía cada palabra con entusiasmo, aclamando cada acción pertinente que el viejo Mauricio Sagal realizó a lo largo de su carrera como físico. A Karina le entró un sentimiento conmovedor de ternura, jamás había escuchado a Ángel hablar con tan apasionada emoción. A Mauricio, por el contrario, comenzaba a escudriñarlo un sentimiento de culpa; estaba molesto porque se sentía avergonzado de pensar en huir con mentiras y prometiendo esperanzas de salvación cual mesías.
—Mauricio, sabes que no te tengo mucho aprecio, y ahora menos después de saber que pensabas huir de aquí así como así. —Aseveró Karina con un tono de franqueza. —Pero estos seres necesitan de nuestra ayuda. No soy muy creyente del destino, de hecho, soy muy argumentativa que las cosas pasan deliberadamente debido a un accidente causal, pero de serlo, diría que estaba predestinado que nosotros viniéramos, además piénsalo, si ayudamos a este mundo tendremos el favor de la reina de Jadid y todos sus habitantes, podríamos obtener información valiosa que luego podríamos usar en nuestras investigaciones científicas, piénsalo.
—Eso si no morimos en el intento… —Reafirmó Mauricio cruzado de brazos.
—¿Por qué tienes que ser tan negativo? —Rebatió Ángel —Vamos, siempre te has quejado de que te la pasabas encerrado en tu departamento y que quisieras viajar nuevamente en una aventura, bueno esta es tu oportunidad, además, como lo afirma Karina, obtendremos más conocimientos que luego podremos usar para estar a un paso más adelante que esos estirados científicos que te perjudicaron, ¿o no te gustaría la idea?
A Mauricio en realidad si le gustaba visualizar esa imagen, en la que se encontraba en una cima vanagloriado mientras que sus despreciables rivales se encontraban al pie de su pedestal, limpiando con sus lenguas su imponente estrado mientras le pedían disculpas desesperadamente.
—Bueno, está bien, los ayudaremos. —Farfulló Mauricio mientras salía de su deleitable trance. —Pero, si las cosas comienzan a ponerse letales, nos salimos inmediatamente ¿de acuerdo?
Ángel y Karina asintieron con la cabeza, aliviados y felices porque Mauricio tomara la decisión correcta. Después de una hora de conversación, mientras establecían con más determinación las pautas del plan, Dannius, el humanoide fornido que ahora era el escolta de nuestros tres héroes, se dirigió a ellos informándoles que habían llegado a su destino.
—Bien, ya saben qué hacer entonces —Murmuró Mauricio para Ángel y Karina. —Recuerden que estamos en el filo de una navaja, debemos seguir en línea recta hasta la punta o podríamos caer, ¿me entendieron?
Ambos asintieron nuevamente con la cabeza con las miradas serias. Bajaron del auto y Mauricio comenzó a señalar el lugar donde había dejado el artefacto, se dio cuenta que no le había dado un nombre a su máquina, sin embargo, pensó que no sería el momento adecuado, así que caminó con sus amigos y el resto de los humanoides escoltas hasta el lugar. Una vez allí, desenterraron el artefacto y se lo mostraron a Dannius.
—¿Con esto ustedes llegaron hasta aquí? —Dijo Dannius mirando la maquina sorprendido y un poco incrédulo.
—Así es. —Contestó Mauricio —La había construido como una máquina del tiempo, porque los mecanismos que implementé debían impulsarnos hacia una época o periodo específico, pero en vez de ello nos trajo hasta aquí, a tu planeta, sospecho que debió ser por la partícula R.
—¿Y qué es eso? —Preguntó curioso Dannius.
—Es ese cristal negro azulado que te mencioné que vi en un terreno cerca de la torre. —Indicó Mauricio.
—¡Ah! El lork. —Respondió Dannius.
—¿Cómo dices? —Preguntó Karina un poco desconcertada.
—Sí, el lork es una piedra muy común en nuestro planeta, se encuentra en muchos terrenos cercanos por aquí. Los llevaré a uno si es lo que quieren pero démonos prisa. Cada minuto que perdemos es una aproximación para la llegada del Clarman.



