Esta semana de entrenamiento fue una de esas que te recuerdan que avanzar no siempre significa hacerlo todo perfecto, sino seguir presentes y enfocados incluso cuando las cosas no salen exactamente como queremos. Todavía no hemos podido regresar al gym por temas personales, pero eso no nos ha quitado las ganas de seguir trabajando. Por fin logramos hacer stretching nuevamente y de verdad nos ayudó muchísimo; el cuerpo lo necesitaba y se sintió el cambio.
En la pista también salimos de la zona de confort. Mi entrenador nos está llevando a trabajar cosas diferentes, especialmente la velocidad, y honestamente eso me está gustando muchísimo. Poco a poco seguimos construyendo, trabajando la zona 2 y enfocándonos en mejorar el umbral, entendiendo que las bases son las que después marcan la diferencia en las competencias.
El jueves hicimos la ruta Jennifer y nos pidieron correr completamente a sensaciones, dando lo más rápido que pudiéramos. Terminé siendo la primera mujer de la ruta y aunque sé que todavía puedo hacerlo mejor, también entiendo que tenía más de un mes sin hacer cuestas ni trabajos fuertes en subida. Aun así, el cuerpo respondió.
El sábado volvi a la montaña con bombillo, una ruta bastante técnica y exigente, de esas que te obligan a conectar otra vez con el terreno y contigo misma. Y cerramos el domingo con 15 kilómetros en zona 2, logré el objetivo a buen ritmo y casi al 100% (carita feliz de buena conducta para mi 🤭). Adicionalmente, compartimos además un detalle especial para las madres corredoras, porque al final también se trata de eso: correr, acompañarnos y celebrar juntas cada paso del camino.
La felicidad no necesita filtro