¡Feliz jueves, querida comunidad! Estoy a solo dos semanas de debutar en la distancia de media maratón. Ayer hice mi último entrenamiento largo en la pista.
Mi mañana comenzó muy temprano con uno de mis desayunos favoritos para los días de series: panquecas de avena con uvas pasas, miel y café bien cargado. Llegué a la pista del Estadio Guillermo Soto Rosa y, esta vez, no solo hacía frío, sino que había neblina, algo muy atípico.
Calenté durante 20 minutos, hice técnica de carrera, cuatro progresivos y ya estaba lista para uno de los entrenamientos más desafiantes de mi preparación: 6 x 1.000 metros (con recuperación de 400 metros) y 1 x 6.000 metros a ritmo de umbral láctico.
Me sentí muy feliz porque, desde la primera serie hasta el ritmo de umbral, las sensaciones fueron increíbles. Comencé de forma conservadora (1:52 por vuelta de 400 m) y luego fui descendiendo (de 1:46 hasta llegar a 1:40).
Antes de comenzar los 6.000 metros, probé un gel de la marca Hammer que aún no había tomado. ¡Me encantó! Sobre todo porque no contiene tanta azúcar como otros, que suelen generarme un pico de energía seguido de un bajón.
El objetivo de la última serie era mantener las vueltas a 2:00 minutos para que el ritmo por kilómetro fuera de 5:00. Comencé en 2:01 y terminé en 1:57, para un tiempo total de 29:54. También me sentí muy bien; eso quiere decir que he asimilado cada uno de los entrenamientos. Justo cuando comencé salió el sol.
Por la tarde, hice un rodaje de descarga de 35 minutos, también en el Soto Rosa. Los últimos 10 minutos corrí descalza en la grama.
Hay algo que he valorado mucho durante mi preparación: nunca he llegado al límite y mi coach siempre ha hecho los ajustes necesarios para adaptar mi planificación. Falta poco para mi reto personal, siento confianza y eso es muy valioso para mí.