¡Feliz domingo, querida comunidad! Esta semana fue de alto impacto y terminó con un fondo de 14 kilómetros con más de 600 metros de desnivel positivo.
Antes de contarles sobre el entrenamiento de hoy, les comparto un resumen de lo que fue mi semana. El lunes comenzó con mi acostumbrado trabajo de fuerza en el gimnasio y un trote de 25 minutos por la tarde. El miércoles hice trabajo de pista, ejercicios dinámicos, escaleras y, para cerrar, 1.000 metros a ritmo de umbral láctico. Por la tarde, hice un trote suave de 30 minutos para soltar.
El jueves corrí una hora en terreno con desnivel y completé con otra sesión de gimnasio. Ayer hice un test de 2.800 metros de ascenso en la ruta de La Romanera y logré un tiempo de 25:23. Asimismo, hice cuatro repeticiones de 100 metros en una subida con bastante inclinación. A pesar de la carga acumulada, me sentí muy bien.
Hoy cerré la semana con un fondo de 2 horas en montaña en distintos lugares de mi pueblo. La ruta fue intensa: di la vuelta a El Pajonal, subí a La Romanera, bajé a La Guapada, subí al mirador y regresé al punto de partida. Los quiebres eran tan fuertes que, en la última subida, empecé a sentir fatiga. Sin embargo, me comí un bocadillo de plátano y de inmediato recuperé la energía. Durante todo el trayecto me mantuve hidratada con una bebida isotónica casera y miel cada 30 minutos. La app de Strava no registró 800 metros:
Me está encantando la preparación porque noto cómo mis músculos se adaptan a las subidas, bajo con mayor confianza y controlo mejor mi respiración y mis pulsaciones. Resumiendo: La montaña siempre me enseña a ser fuerte y resiliente.
¡Seguimos!