¡Feliz lunes, querida comunidad! Crucé la meta en mi primera media maratón. Aunque no logré la marca que buscaba, obtuve el tercer lugar en la categoría máster general.
No tienen idea de lo dura que fue la carrera. Era un circuito de tres vueltas con más de 230 metros de desnivel positivo. La cantidad de subidas y repechos (16 en total) superaba con creces al terreno plano y a las bajadas cortas (apenas 5).
Aún estoy asimilando todo lo vivido. Salí tranquila, tal como lo había planificado. Pasé la primera vuelta en el tiempo pautado; en ese punto, iba por el kilómetro 7,5. Comencé la segunda vuelta y tomé mi primer gel. La completé un poco más lento, pero aún me sentía con fuerzas. Justo al iniciar la tercera vuelta, tomé mi segundo gel.
Todo marchaba bien hasta el kilómetro 19. Mis piernas se sintieron muy pesadas y sentí que me quedaba sin energía. En ese momento, recordé que llevaba una gomita y me la comí de inmediato. Logré recuperarme un poco y, a partir de ahí, corrí con la mente. Ya en ese punto, mi coach me había dicho que me olvidara del reloj y luchara por llegar a la meta. Así lo hice. Cuando faltaban 80 metros, saqué fuerzas de donde no tenía y crucé la meta en 1 hora, 58 minutos y 51 segundos.
Admito que, tras recuperarme, me sentía un poco triste por no haber alcanzado mi objetivo. Sin embargo, cuando mi coach y mis compañeros del club Trail Run Mérida se acercaron a abrazarme, me dijeron que revisara los resultados. Para mi sorpresa, había obtenido el tercer lugar en la categoría máster general. Estaba en shock: olvidé el dolor y salté de alegría junto a mi team.
A veces somos muy duros con nosotros mismos y vemos lo negativo antes de agradecer las cosas buenas que siempre nos alcanzan. Entrené con disciplina y mucha pasión; me atreví a debutar en esta distancia en una de las rutas más duras de Venezuela, crucé la meta y el universo decidió premiar mi esfuerzo y valentía.
El próximo año, si Dios lo permite, estaré nuevamente en la línea de salida de la Media Maratón Internacional de San Sebastián. Tengo un año para ajustar, asimilar y entrenar con toda mi alma. Pase lo que pase, ¡celebremos nuestros triunfos!
P.D.: Gracias a cada una de las personas que me animaron durante el recorrido. Nunca olvidaré sus palabras, aplausos y la energía tan bonita de esta ciudad.