Hace ya tiempo inicié una serie sobre modernidad poética, que retomo con esta figura sobresaliente. Junto a Baudelaire y Rimbaud (ver en ambos casos enlaces al final), Mallarmé es una de las tres grandes columnas del pensamiento y el arte catalizadores de la modernidad poética. Se le considera el principal responsable del nacimiento del Simbolismo (ver enlace) como movimiento estético, aunque él mismo no se denominara simbolista. Antes de pasar a tratar su obra, visión poética y aportes, daremos primero alguna información biográfica básica.
Stéphane Mallarmé (Francia, 1842-1898) se fue a Londres desde muy joven para formarse en inglés y ejercer como un modesto profesor de esa lengua, lo que hizo el resto de su vida, pasando por liceos de diferentes ciudades francesas hasta instalarse en París. Perteneció a la generación de artistas como Paul Verlaine (ver enlace), Théodore de Banville y Édouard Manet, de quien fue muy amigo, junto a otros pintores del Impresionismo, al cual también se le asocia. Reconoció la influencia de Théophile Gautier y de Charles Baudelaire, a quienes consideró sus maestros, aunque luego asumiría la autonomía de su propia obra. Tuvo una incursión en el Parnasianismo (ver enlace al final), cuando en 1866 publicó diez poemas suyos en la revista Parnasse Contemporain. Entre 1882-1894 creó un salón o tertulia a la que asistían los poetas más jóvenes, para quienes fue un mentor.
Como ha señalado la crítica, en semejanza y, a la vez, diferencia con Rimbaud y Verlaine, sus aventuras fueron intensas, pero se trataron de experiencias del espíritu, intelectuales.
Sobre su obra
Mallarmé es autor de una obra poética poco extensa, pero de gran empeño y relevancia, que aún hoy sigue siendo "enigmática y poderosa", como señaló el gran poeta Lezama Lima. Se propuso un sistema poético innovador, un nuevo canon estético. Fue un artesano estricto y exigente consigo mismo, lo que hizo que solo produjera unos doce importantes poemas; su carácter fue el de un espíritu muy crítico, por lo cual solía estar revisando y reescribiendo sus poemas, tras el propósito de eso que los alquimistas llamaron la "Gran Obra", y que el denominaría "el Libro".
La investigadora Anna Balakian señala que su obra ha sido vista en tres grandes ciclos: el clásico, el místico y el hermético, si bien no pueden separarse de modo esquemático. En su obra destacan Herodías (1864), La siesta de un fauno (1865), Divagaciones (1897) y Un golpe de dados jamás abolirá el azar (1897), poema-libro que marcará para siempre la poesía moderna. Además, fue autor de dramas, ensayos y cartas.
Concepción de la vida y la poesía
Sus preocupaciones poéticas estuvieron muy entrelazadas con su vida. Aparecen en ellas los estados anímicos del tedio y el abismo, expresados por los románticos y decadentistas franceses como "ennui" y "gouffre", sentimientos de inexpresable malestar, como dirá Alfred de Musset. Pero también el sentido del aislamiento en la sociedad. El primer sentimiento –"ennui"– sería "la imposibilidad y renuncia al sentido individual como severas sospechas frente al proyecto y las conquistas modernas", según María Cecilia Salas. En uno de los primeros poemas de Mallarmé, "Brisa marina", encontramos un verso emblemático de ese sentimiento: " La carne es triste, ¡ay! y he leído todos los libros". El segundo –"gouffre"– como la sensación de lo desconocido. Estos estados psíquicos aparecerán en su obra como sustancia o asociados con figuras mitológicas de sus poemas, tal como ocurre en La siesta de un fauno y en Herodías (de las que hablaremos más adelante).
La conciencia de aislamiento social en Mallarmé también ocupa un lugar importante, postura que podría resumirse así: si la sociedad no reconoce al poeta y su aporte, este no debería preocuparse, y retirarse a la soledad, con lo que se cumpliría en la vida el ideal de "la torre de marfil", tan apreciada por los decadentistas. Se sabe de la afinidad que sentía Mallarmé con el personaje Hamlet, "el héroe solitario", de Shakespeare.
Todo lo dicho en los últimos párrafos compondrían la actitud decadente de Mallarmé.
Mallarmé acudirá a la sensualidad interior, que sería capaz de "compensar del carácter fútil y huidizo de la experiencia física" (Balakian); por eso la fuerza del recuerdo y el sueño, que se presentan para él con mayor poder sensual que la experiencia real; de allí que se advierta una relación directa de esta posición de Mallarmé con el sentido recuperador de la evocación en Proust plasmada en su magna novela En busca del tiempo perdido.
Mallarmé parece tener conciencia de estar en la finalización de una tradición poética, y de la necesidad de realizar la exigencia, expuesta por Baudelaire y Poe, de buscar la esencia de lo poético. Como indica Todó, esto lo conduce a una poesía que se vuelve sobre sí misma y su propio sentido, que habla de ella y sus condiciones de existencia. De allí su hermetismo, que dificulta el acceso a su poesía.
Referencias bibliográficas
Anna, Balakian (1969). El movimiento simbolista. España: Ediciones Guadarrama.
Friedrich, Hugo (1974). Estructura de la lírica moderna. España: Edit. Seix Barral.
Mallarmé, Stéphane (1997). Blanco sobre negro. (Antología). Argentina: Edit. Losada.
Mallarmé, Stéphane (2008). Cartas sobre la Poesía (Selección). Venezuela: F. Edit. El perro y la rana.
Todó, Lluís (1987). El Simbolismo. El nacimiento de la poesía moderna. España: Montesinos Editor.
https://es.wikipedia.org/wiki/St%C3%A9phane_Mallarm%C3%A9
Continúa en próximo post
Gracias por su atención.
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