Tu nombre
Ya no duermo,
cierro los párpados por costumbre,
por reflejo, como parte del autoengaño
de pensar que te sueño
cuando en verdad te pienso.
Porque te pienso todo el tiempo,
te pienso como las estrellas piensan en el universo,
te pienso como los atardeceres piensan en el cielo,
te pienso como los cometas
de los niños piensan en el viento.
Y cuando duermo, cuando logro conciliar el sueño,
vivo de nuevo lo que nunca hemos hecho,
regreso contigo a donde nunca hemos ido,
e imagino que no somos lo que siempre seremos:
un par de extraños, ramas de diferente árbol,
caminos separados que nunca se van a encontrar.
Y hago entonces el trabajo del fuego,
y vuelto cenizas vuelo
y construyo en el aire un templo
que purifique el tiempo.
Dejo de ser, de estar,
de existir, me vuelvo otro,
me transformo en un intento por olvidar.
Pero cuando abro los ojos
(o cuando los cierro),
sin importar quien ahora sea,
sin importar en quien me convierta,
siempre me pesa cierta ausencia
que día a día crece más y más.
Hasta que de pronto todo se me revela
mientras escribo un poema
o escucho canciones viejas,
y el tiempo renuncia
a anestesiar más mi pena,
a amputar el dolor de mi condena,
y vuelvo a recordar tu nombre.
Otros textos de esta serie:
Nota: Imagen de portada realizada con Microsoft Powerpoint usando la fuente señalada