Los poetas son así
Los poetas son así
y hay que aceptarlo;
son onanismo intelectualizado,
sublimado, es decir con mil palabras
lo que puede expresarse con un garabato,
es mostrar todas las caras posibles
de algo que ni siquiera existe
más allá de sus manos
y sus dedos arrebatados.
Escriben como camino al orgasmo
reflejándose en el espejo de sus propias letras,
como narciso contemplado su reflejo en el estanque,
y enamorándose de si mismo al mirar.
Cada palabra es una caricia a si mismos,
y mientras más elaborada, mientras más sofisticada,
más fuerte el abrazo de las piernas de la frase,
del párrafo, más fuerte el grito de la línea final.
Los poetas son así,
y hay que aceptarlo;
viven en el mundo que ellos mismos construyen
con cada línea que engendra su vanidad,
huyen de si mismos para encontrarse
y sueñan con nunca poder despertar.
Incapaces de cambiar la humedad de la lengua
por la árida realidad, son los escapistas de la carne,
son los grandes malabaristas del lenguaje,
son los amantes bastardos de la soledad.
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