Hoy volví a la montaña después de casi cuatro semanas sin correr en ella por la lesión que me dejó la competencia. Y aunque al principio sentí nervios, entendí que necesitaba regresar. Necesitaba volver al Ávila, a esa energía que te abraza, que te recarga y que te recuerda por qué amas tanto correr.
Esta vez me tocó sola porque varias de las chicas no podían entrenar hoy, así que sí… me tocó hacer bombillo de verdad. Pero creo que también necesitaba este espacio conmigo, con la montaña y con todo lo que ella me hace sentir.
Como siempre, hice mi parada obligatoria en la Cruz del Ávila. Allí recordé a mis seres queridos mientras veía a Caracas desde arriba: inmensa, brillante, viva, mágica. Hay algo en esa vista que siempre logra poner todo en perspectiva. El Ávila tiene esa capacidad de hacerte sentir pequeño y gigante al mismo tiempo.
Cuando comencé Matamoros confieso que me dio un poquito de miedo. Todo estaba demasiado silencioso, muy solo, y esa parte parece un bosque que te obliga a escuchar cada ruido. Además, como está cerrado para paseos, el ambiente se sentía distinto, aunque sí están dejando pasar a quienes estamos entrenando. Poco a poco fui agarrando confianza. Sentí otra vez el cariño de la montaña, esa sensación de que el Ávila siempre te cuida y te acompaña. Y para mi sorpresa, me encontré bastante gente en la ruta, algo que también me ayudó a sentirme más tranquila.
La bajada de Matamoros estuvo fuerte, bastante técnica, pero demasiado sabrosa. Y sí, confirmé una vez más lo importante que es tener unos buenos zapatos para este tipo de terreno. En medio de la bajada hice mi paradita en ese mirador donde se ve gran parte de Caracas; ese lugar siempre me obliga a detenerme unos segundos y simplemente contemplar.
Llegué corriendo hasta el puesto de guardabosques de Chacaíto, hice parada técnica para agarrar agua y seguí por todo Cortafuegos hasta San Bernardino. Bajé los 1200 hasta la entrada de Gamboa. Casi 15 kilómetros de ruta que me disfruté completos.
Hoy no solo volví a correr montaña. Hoy volví a conectar con mi Ávila, con mi energía y conmigo. Y lo mejor de todo es que esta ruta tiene un objetivo importante… pero eso se los contaré más adelante.
La felicidad no necesita filtro