«Los libros son el bendecido cloroformo de la mente.»
—Robert Chambers
El Clarman
Allí estaban frente a frente, la reina de Jadid y el excéntrico físico Mauricio Sagal, una buscaba una solución para salvar a su ciudad, y el otro, con mentiras que exhibía como única verdad, proliferaba esperanzas para salvarse a sí mismo y a sus amigos. Era como una discordia, entre la desesperación y la salvación, aunque Mauricio sabía muy bien, que si no movía muy bien sus cartas, podría terminar muerto en un mundo extraño.
—Su majestad, como nuestro enorme y robusto captor acaba de mencionar, nosotros no somos de su mundo, venimos de un lugar llamado Tierra, somos científicos y como tales estudiamos la vida. Hemos venido de muy lejos para estudiar y detener lo que ustedes llaman «Clarman», pero necesitamos de su cooperación y traer las herramientas adecuadas para poder realizar nuestra tarea.
Ángel y Karina aún estaban sorprendidos por la sarta de mentiras que Mauricio aún aseveraba con seguridad. La reina de Jadid; Eurora, miró sus expresiones por un instante y las sospechas de un timo se instalaron en su mente. Observó nuevamente a Mauricio con una sonrisa sutil en su rostro para responder a su plan.
—Dime extranjero, ¿cómo sé que lo que dices es verdad y no me estas mintiendo para huir? —Preguntó Eurora levantándose lentamente, imponiendo una postura de desconfianza y superioridad ante Mauricio.
—Míreme su majestad, ¿acaso estoy en posición de venir a mentirles a usted y su séquito? Mi mentira es demasiado obvia como para llamarse así y mis intenciones ya no serían lo suficientemente discretas como para yo querer hacer algo diferente.
—Eso es cierto. —Contestó Eurora—Pero las fachadas siempre se cubren con mantos honestos, siendo más peligrosas aún. No conozco nada de tu especie ni del mundo del que provienes, pero me queda claro que no eres una criatura tonta, al contrario, puedo ver una gran sabiduría en ti.
Mauricio sonrió algo silencioso, Ángel y Karina estaban sumamente nerviosos, especialmente Karina, quien pensaba que en ese momento iban a morir. Dannius se encontraba casi junto a ellos, observando tanto a Mauricio como a Eurora. Los demás testigos en la sala solo se quedaron observando callados, viendo y escuchando con detenimiento aquella conversación.
Eurora, mientras se alejaba, dejó atrás una tremenda silueta de incertidumbre, solo ella sabía sobre los mares de pensamientos en los que navegaba. Mientras se dirigía a su suntuoso asiento, una idea se arraigó en su cabeza, todo era por la salvación de Jadid.
—Dannius, tu acompañarás a nuestros nuevos amigos y vigilarás todo lo que vayan a hacer, llévate contigo a todo tu equipo. Ya no trabajarás más en los desiertos, ahora te asegurarás de que ellos encuentren la solución para detener el Clarman. No te les separarás en ningún momento y si ves que intentan escapar, asesínalos sin compasión.
—Si Eurora, como tu órdenes. —Contestó Dannius colocándose en posición firme—Ustedes dos caminen también, tenemos mucho que hacer en este momento.
Nuestros héroes fueron forzados nuevamente a subir en uno de los extraños vehículos junto con su nuevo grupo de rudos escoltas. Descendieron dentro de la torre bajando hasta la siguiente posición, donde los recibió el mismo guardia que los ayudó a subir, durante el trayecto, Dannius se quedó mirando fijamente a Ángel, a Karina y a Mauricio con los brazos cruzados, lo cual puso muy nerviosos a los tres.
—Déjenme decirles, —Expresó Dannius dirigiéndose a los tres—que no creo que ustedes hayan venido a detener el Clarman, sin embargo, pienso que poseen una inteligencia muy poco común en nuestra sociedad, en todo Kalix de hecho, jamás ha habido criaturas como ustedes.
—¿A qué le llamas Kalix? ¿A este planeta? —Preguntó Ángel inclinándose un poco hacia delante.
—Sí, es el nombre de nuestro mundo. Consideramos que nuestra ciudad; Jadid, es el epicentro civilizado de un planeta devastado por el mal llamado Clarman, si hubieran caído en manos de otras especies, en estos momentos estarían digeridos y evacuados por algún monstruo.
—Bueno… creo que deberíamos estar agradecidos ¿no? —Indicó Karina con los nervios aún latentes. —Tenemos una ínfima idea de lo que es el Clarman, pero quisiera que nos dieras más detalles sobre eso.
—Por supuesto, ya que ustedes serán los que lo evitarán. —Contestó Dannius apoyando más la espalda en su asiento. —El Clarman, es una eventualidad cósmica que causa un cataclismo en el medio ambiente de nuestro planeta. Aparece cada cinco años, aunque esta vez parece que se está adelantando, es por eso que estamos con las alertas puestas, intentando evitarlo o sobrevivir a él a toda costa.
—Cuando hace rato dijeron que la única forma de detener el Clarman era con la guerra, ¿a qué se referían con eso? —Preguntó Mauricio.
—El Clarman es incentivado por una raza suprema a la que llamamos Anhk (los primeros), quienes tienen una inteligencia particular. Esta raza domina nuestro modo de vida, el de todas las especies organizadas de este mundo, ya que sus cuerpos expiden unos gases que provocan que la naturaleza cambie abruptamente y son ellos quienes nos obligan a pelear. Parece que tienen una filiación morbosa por las batallas.
—¿Y por qué no se les enfrentan y terminan de una vez con el Clarman? —Preguntó Ángel.
—¿Creen que no lo intentamos hace mucho tiempo? —Contestó Dannius alzando un poco la voz. —Un ejército de millones no serviría de nada, puesto que eso causaría que ellos provoquen el Clarman, y causarían la extinción súbita de nuestra raza. Eurora cree que debemos seguir con la misma tradición de siglos, pero eso solo provoca nuestra extinción paulatinamente.
Mauricio se quedó mirando a Ángel y posteriormente a Karina. Todos ellos querían volver a la Tierra, a sus hogares finalmente, pero no podían evitar sentir una fuerte empatía por aquella raza condenada a un inminente deceso. Mauricio se alzó los brazos y se dirigió a Dannius con el rostro firme.
—Amigo mío está bien, te ayudaremos, somos científicos y las eventualidades naturales son nuestra especialidad. Aunque no sabemos nada de las criaturas que provocan el Clarman, podemos encontrar la manera de detenerlas definitivamente, solo necesitamos dos cosas.
—Por supuesto, ahora si tienes todo mi apoyo y mi atención, puedo percibir que tus palabras ahora son más sinceras. —Expresó Dannius—¿Dime que necesitas?
—Bien, primero debemos buscar el artefacto que nos trajo a tu mundo, después de eso, necesito que nos lleves al campo de piedras negras azuladas que pude ver que se encontraba no muy lejos de la torre a donde nos llevaste, creo que ese material que está allá puede sernos de mucha utilidad.
CONTINUARÁ...
Escrito por
. Viernes 14 de agosto del 2020
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