«Todos sabemos la fascinación que ejerce el vicio del juego y qué difícil es también salirse de él.»
— Ann Radcliffe
Cristales contra lumbreras
El plan ya estaba en marcha, las intenciones ya eran claras, los nervios estaban latentes pero se podían controlar con pensamientos optimistas, era el momento en que, nuestros tres héroes pusieran en marcha de una vez el procedimiento. Los automóviles atravesaban el desierto nuevamente dirigiéndose a la ciudad de Jadid, buscando el terreno plagado de piedras partícula R.
A penas llegaron a la ciudad, se escuchó un estruendo que provino del cielo y a su vez, las nubes comenzaron a oscilar inquietas en oleadas de vapores impresionantes. Los habitantes de la ciudad huyeron despavoridos a sus casas, cerrando toda puerta y ventana, y los guardias se acercaron a los muros activando un mecanismo que había en ellos.
De los muros comenzaron a surgir una placa trasparente que se extendía hasta llegar a su epicentro a gran altura de la ciudad. Estos juntos formaron una especie de domo gigante que lo cubría todo y emanaba colores en su superficie; destellos que aparecían ante una actividad anormal.
La tempestad antinatural que se formó en el cielo comenzó a disparar rayos que chocaban abruptamente con el suelo. Dichos relámpagos paulatinamente se acercaron a la ciudad hasta que golpearon la superficie del domo. A medida que impactaban contra el, los destellos se hacían cada vez más intensos provocando hasta ceguera a los guardias y defensores que estaban pendientes del ataque.
El colosal automóvil donde se encontraban nuestros héroes paró un momento, mientras contemplaban el ataque del cielo hacia la ciudad de Jadid. Karina buscó el calor del Ángel y este le correspondió, dándose ambos un fuerte abrazo, completamente estupefactos, igualmente impresionado estaba Mauricio, ninguno de los tres jamás había visto un evento natural tan extraordinario.
Sintieron pánico en ese momento porque pensaban que la única defensa de la ciudad no resistiría. El domo de cristal se vio tan frágil en ese momento, a medida que los centelleos de luz se hacían más intensos. Hubo un estruendo tan fuerte que ningún oído pudo escapar al dolor agudo que provocó, dejando al final un latente zumbido. Nuestros héroes tuvieron que arrodillarse subsumidos ante el fuerte dolor que les provocó el sonido.
En cambio, Dannius y su equipo estaban intactos, era como si no les hubiera afectado el poderoso bullicio que penetró en los oídos de todos, al contrario, parecían tranquilos, ni siquiera les molestaba la cegadora luz de los rayos al chocar contra el domo. Era obvio que sus capacidades físicas eran diferentes a las de los demás humanoides, no es por nada que fueron escogidos para tareas tan complejas.
Al terminar aquella ráfaga de relámpagos y tormenta hostil, el cielo y sus nubes comenzaron a calmarse y alejarse hacia la dirección por donde vinieron. Fue cuando el domo comenzó a abrirse volviendo cada extremo a la parte donde le correspondía. Mauricio, Karina y Ángel, se levantaron del suelo y miraron al cielo, sorprendidos como súbitamente todo había pasado.
—¿Pero qué rayos fue eso? —Preguntó Mauricio aun consternado y con las manos en alza todavía.
—Eso extranjero, es una parte del poder del Clarman. —Contestó Dannius con rostro serio, pero a la vez, se podía detectar un aire de preocupación profunda.
—¿Por eso se preocupaban? Con ese gran domo que cubrió toda la ciudad parece que tienen la situación controlada. —Dijo Ángel con un tono entre sereno e irónico.
—Eso no es el poder del Clarman como tal amigo. —Señaló Dannius en tono fuerte y frio—Como he dicho, es solo una parte de su poder. Ahora imagínate ese mismo cataclismo de centellas y relámpagos pero multiplicado por diez y con una fuerza indetenible, que podría hasta arrasar la ciudad más fortificada y poblada.
Todos se miraron perplejos antes la afirmación de Dannius, ¿acaso la fuerza del Clarman poseía el poder devastador de una bomba atómica? Si era así, el domo que protege la ciudad de Jadid no era suficiente y tenían que movilizarse rápidamente.
—Debemos darnos prisa entonces y llegar al campo de minas de la partícula R, ¿cuánto queda para que la hecatombe en sí comience? —Expresó Karina alzando la voz sonando asustada.
—Pues ya esta es la segunda oleada, falta una tercera que supuestamente ocurrirá mañana, aunque no estamos seguros ya que el ciclo del Clarman ha cambiado bastante. —Respondió Dannius mirando fijamente a Karina.
—Karina tiene razón, debemos apurarnos ¡Montémonos en esos vehículos y marchemos de una vez! —Dijo Mauricio con el corazón encendido.
Todos se dieron a la ida raudamente, atravesando atajos recónditos por la ciudad, aprovechando de que los ciudadanos aún no se habían reincorporado a sus labores rutinarias después de semejante evento natural. Finalmente al llegar, nuestros tres héroes vislumbraron con asombro desde lo interiores de un hermoso campo de cristales negro azulados. La partícula R proliferaba y se amontonaba en pequeñas colinas rocosas, donde brotaba como hongos en la corteza de un árbol.
Mauricio al bajar del vehículo, fue el primero en acercarse, puesto que se sentía emocionado por estar rodeado de lo que a su perspectiva era oro puro. Tomó un trozo suelto de cristal que estaba en el suelo y lo agitó con todas sus fuerzas, al hacerlo, la deslumbrante gema cambió de su estado sólido a uno más blando y viscoso, como si fuera plasma.
—¡Efectivamente esto partícula R, o como le llaman ustedes Dannius, «lork»—Aseguró Mauricio emocionado.
—Bien, ahora que ya lo tienes, ¿qué piensas hacer con eso? —Preguntó Dannius.
—Vamos a utilizar mi artefacto y cambiar su polaridad y mecanismo, en vez de transportarnos a otros mundos, haremos que contrarreste la anomalía natural que causa el Clarman, es decir, crearemos nuestros propios gases de invernadero, pero de una manera que podamos controlarlo, ese es mi plan.
—Espera Mauricio, no mencionaste eso, ¿de verdad crees que con esa máquina podremos controlar el clima de este planeta? —preguntó Karina dudosa.
—Has visto lo que esto puede hacer gracias a la partícula R, nos trajo hasta aquí en una pieza, como si simplemente hubiésemos saltado hacia otro punto en el espacio. Sin más ni menos, mi maquina puede asimilar la sustancia y hacerla funcionar a su antojo, ¿crees que no puede usarse para tener influencia sobre el clima?
—Pero no sabes si de verdad funcionará. —Dijo Ángel desconcertado.
—¡Oh sí que funcionará! Ya verán, les demostraré las cosas asombrosas que puede hacer este enorme campo de cristales.




