
Foto propia
Jueves 18 de octubre 2017, no había dormido mucho, el viaje a Caracas me tenía inquieta, desperté a las 3:00 de la mañana como angustiada, ansiosa. Había suspendido el viaje varias veces en la semana, no sé por qué, si mi hija me necesitaba. No sentía la alegría de mis viajes anteriores. No lograba entender lo que me pasaba. A esa hora me levanté de la cama para terminar de hacer la maleta y dejar todo en orden en la casa para mi esposo que esta vez se quedaba.
A las 7:00 de la mañana estaba en el aeropuerto, el avión saldría a las 9:00.
Me estaba tomando un café con mi esposo en el cafetín cuando a las 8:15 recibí dos mensajes: el de mi madre enviándome su bendición y el de mi hija diciéndome aquí te espero mami.
A las 8:40 la llamada de mi cuñada, la esposa de mi hermano menor, paralizó mi mundo. Solo podía escuchar su llanto y luego la peor noticia de mi vida. Jorgito había muerto en un accidente de tránsito. Él era transportista de una empresa de alimentos.
Mi corazón se rompió y lloré como nunca. Enseguida otras llamadas, las de mis hermanos, rotos también. Mi esposo me contuvo con todo su amor. De repente caí en cuenta de dónde estaba yo. Mis hermanos me esperaban para que yo le diera la noticia a mi madre y en Caracas me esperaba mi hija.
¿Qué hago?
No logré comunicarme con ella, pero sí con su novio para que le diera la terrible noticia, y... que no me esperara.
Camino a casa, solo pensaba en cómo le diría a mi mamá este infortunio. Yo no podía llegar derrumbada, tenía que sacar fuerzas de donde no tenía en ese momento. Yo tenía que sostenerla.
Cuando mi mamá me vio, me preguntó extrañada qué hacía allí. Me dio pesar verla entre las florecitas de su jardín. Solo pude decirle: ¡Jorgito, mamá! Le pasó lo peor que nos podíamos imaginar.
Me dijo llorando desesperada que presentía que algo le había pasado porque él no la había llamado a las 6:00 de la mañana como habían acordado en su conversación de la noche anterior.
A las 2:00 de la tarde salimos para Maturín, una caravana triste, fúnebre. Cuatro carros llenos de dolor y lágrimas. A partir de allí todo fue tan absurbo. Mirar a sus hijitos huérfanos, ¿cómo explicarles esta jugada del destino a dos niños?
Como el accidente había sido en una autopista del centro del país y había que hacer muchos trámites legales, recibimos su cuerpo amaneciendo el sábado. ¡Doloroso! A ratos, mi fortaleza se debilitaba, pero no podía caer por mi mamá.
Luego de sepultarlo el domingo 21 de octubre, terminó para mí el día que comenzó el jueves 18 a las 3:00 de la mañana, pude dormir algunas horas otra vez.
Esta terrible experiencia marcó mi vida en un antes y después de la muerte de mi hermano. Aprendí que en medio de las adversidades hay que salir adelante con todo y dolor o tristeza, no sé si llamarlo resiliencia, pero este hecho me mostró que tengo una fuerza que desconocía.

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