Nunca me fui
Nunca me fui
porque nunca estuve.
Lo único que tuviste,
lo único que pude darte
fue un reflejo,
un eco de mi mismo,
una sombra que quisiste ver como real
y que cuando abrazaste
descubriste aire, vacío.
No me culpes si te enamoraste de un espejismo.
Si mi imagen reflejada en tus ansias
te hizo creer que éramos algo más
que sudor y carne,
algo más que un juego que sombras
confundiéndose en la oscuridad.
Para mi los límites siempre fueron claros,
pero tu nunca quisiste
ver ni escuchar lo evidente:
que nunca me tuviste,
que nunca fuiste destino,
sino una escala apacible y placentera
donde esperar el momento
de seguir mi camino.
Asi que no me pidas que vuelva
cuando nunca estuve,
y si bien nunca me fui,
es tiempo de que tú sí lo hagas.
Es tiempo de que te vayas de mí
y vuelvas contigo...
antes de que la nada lo haya devorado todo
y no haya nada a que volver.
Otros textos de esta serie: