Corazón en fuga
Te di mi corazón atado
a un frágil hilo de esperanza
y te pedí que lo agarraras fuerte
para que no se te escapara.
Porque no estaba acostumbrado
a estar en otras manos,
a acompañar a un destino ajeno,
a estar a merced de lo desconocido.
Te dije que tuvieras cuidado
al llevarlo contigo a zonas de tormenta,
a territorios donde una corriente de miedo
pudiera asustarlo.
No me reclames hoy
si dudaste por un momento
y se te fue de las manos.
Los dos sabíamos que podría abandonarnos.
Los dos sabíamos que escogería la libertad
antes que explotar en mil pedazos.
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