Señales de humo
Y cuando el agua te llegaba al cuello
te fumabas un cigarro,
dejando a la marea el destino de tu cuerpo,
de tus sueños,
de tu ser.
La marea, sabia,
nunca te llevó consigo,
hasta una noche que confundió
el humo de tu habano
con el de un barco,
y ya no te vimos más.
Ahora las olas huelen a alquitrán,
y saben a nicotina, y no a sal.
Ahora a las olas les cuento mis desdichas,
mis miedos y mis alegrías,
para que te puedas enterar.
Un día de estos me animaré
a nadar lejos de la orilla,
a temerle menos a la vida,
y tal vez como tú,
me fume cigarros ante la adversidad.
Mientras tanto vela por mí,
querida amiga,
y desde tu cenicero de corrientes marinas,
sigue enviando tus señales de humo,
se mi guía en esta oscuridad.
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