Ese día Eli y sus hermanos se dispusieron a subir la montaña. Era una ruta que conocían muy bien y que cada tanto hacían. Ya iban avanzados en su ascenso cuando una fuerte brisa fría les anunció la tormenta que más tarde cubriría todo de blanco. Martín y Andrés trataron de hacer refugio lo más pronto que pudieron mientras Eli buscaba rápidamente algo de ramas secas para hacer fuego luego de la tormenta.
Ninguno se esperaba semejante tempestad. En un instante ya no se podía ver nada. Eli trató, inútilmente, de volver al sendero. Cuando se supo perdida solo se agachó, se cerró bien el abrigo y se cruzó de brazos, tratando de resistir al viento y al frío. Nunca lo hacía, pero ese día rezó, rezó mucho y con mucha fuerza.
Un minuto después, sin ninguna explicación, todo a su alrededor estaba en calma, parecía que había pasado la tormenta. Caminó un trecho, a los pocos metros le sorprendió la presencia de una mujer junto a una niña, con un perro y nueve cabras. No hablaban, ni parecían estar confundidas. La mujer se le acercó y tomó su mano. Eli sintió que un frío intenso le recorrió el brazo y se le clavó cual cuchillo en su corazón. Eli perdió el conocimiento.
Despertó en casa. Uno de sus hermanos la encontró a tiempo, el médico dijo que era un milagro que estuviera con vida. Superado aquel incidente, Eli nunca volvió a ser la misma. Sentía que aunque todo a su alrededor aparentemente continuaba siendo igual, muchas cosas habían cambiado.
La pintura azul en las paredes de la cocina. El cabello rubio de su mamá. La barba de su papá. Nada de eso era como ella lo recordaba. Sentía pena y temor, pero se moría por gritarles que si nadie se daba cuenta de que ahora tenía el pelo liso cuando toda su vida fue de pelo rizado, ¿Nadie se daba cuenta de que sus ojos ahora eran verdes? Estaba convencida, esa no era su casa, esa no era su vida y ella estaba viviendo la vida de alguien más en otra realidad a la que había despertado luego de aquella nevada.
Mientras tanto en el pueblo de Eli hay doble acto fúnebre hoy. Entierran su cuerpo y el de la pequeña hija del señor Juvencio con su perro. Ese día todos comerán cabra asada.
Esta fue mi participación en el Extraño Concurso Nro 12 organizado por nuestro amigo , a quien siempre agradeceré la oportunidad de leer tan variados y buenos relatos y por el estímulo a la creatividad.
En dicha convocatoria encontrarán las bases del concurso y las imágenes utilizadas en esta publicación, autoría de , ya que su utilización en el post de participación es uno de los requisitos del concurso. Te invito a participar en las próximas convocatorias.
Espero que este escrito haya sido de tu agrado. Si te ha emocionado déjamelo saber con tu comentario.
Hasta una próxima publicación.
A continuación te dejo los enlaces de otros cuentos escritos por mi para Hive. Espero que te gusten.