La habitación roja
Llega la ola a la playa
después de recorrer el océano
y colapsa, desfallece en una
última demostración de fuerza.
Muere al cumplir su cometido,
como el salmón que después de llegar río arriba
y reproducirse pinta de rojo las aguas
en una última demostración de su existencia.
Así llegamos tu y yo a este momento
después de haber recorrido el largo camino
de la reconciliación, del perdón,
de conseguir el valor suficiente
para intentarlo de nuevo un día más,
una semana más, un mes más,
un año más, una vida más
o lo que el destino disponga.
Llegó nuestra hora de colapsar,
de dejar morir lo que fuimos
para nacer de nuevo.
Llegamos río arriba y solo queda
abandonarnos a la corriente
y aceptar a donde nos lleve.
Pero después de un rato de mirarnos,
de tocarnos, de aceptarnos,
vemos que no hay estruendo golpeando la orilla,
solo simulación, que no nos quedan fuerzas,
que nuestra mutua traición las mató,
que hemos perecido antes de poder nadar,
y ahora solo somos un par de cuerpos muertos
que flotan a la deriva pintando de rojo la habitación.
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