Helloo!
Cruzar la meta del Medio Maratón CAF este año me dejó un sabor agridulce que aún trato de procesar. 2 horas y 2 minutos, un tiempo que, siendo honesta conmigo misma, siento mediocre. Lo que más me pesa no es el cansancio físico, no hubo molestia, ni dolor, el cuerpo me respondió bien, lo que más me pesa es el agotamiento emocional de luchar contra mi propio ritmo.
Me siento lenta, y esa sensación es profundamente frustrante. Correr es, para muchos, un espacio de libertad, pero esta vez se convirtió en un espejo de mis propias inseguridades. Ver cómo los kilómetros pasaban sin poder conectar con esa chispa de velocidad que sé que tengo me hundió por completo, disfruté la carrera? si, me divertí mientras corría? Por supuesto que si, pero no me siento satisfecha del todo y más sabiendo que ese "disfrute" me costaron 2 minutos más del objetivo.
Sin embargo, entre toda mi frustración, hubo algo que sí valió la pena, fue como un rayito de luz que rescataron el día. Por primera vez, mi papá estuvo allí acompañándome, y tener su apoyo en el asfalto le dio un significado distinto a las carreras de asfalto, recordándome que hay cosas que el reloj no puede medir. Además, la princesa más hermosa de LPG Jazmín, quien finalmente se graduó de maratonista. Verla alcanzar tan alegre y emotiva esa meta me recordó por qué amamos este deporte, a pesar de los días malos.
Hoy me toca aceptar que no siempre se vuela. Me permito estar triste por mi desempeño, pero me quedo con el la alegría de Jazmín y el abrazo de mi papá al final de la meta. Mañana volveré a entrenar, buscando recuperar no solo la velocidad, sino las ganas.