Invitado del olvido
Crecí a la luz de la luna, de las sombras,
no a luz del sol, como los otros
aquellos que entienden el mundo.
Quise ser como ellos, brillar como ellos,
reír como ellos, pero nunca pude...
a pesar de mis intentos.
Siempre fui un extranjero en mi propia tierra,
y nunca tuve más hogar que mi mismo.
Y a veces ni eso.
Me volví amigo del silencio,
un habitante de la soledad,
un invitado del olvido.
Con el tiempo encontré la paz
no en Dios, no en el amor, no entre los hombres,
sino en el centro de mi mismo.
Y tuve que aprender a mirarme con mis propios ojos,
a hacer oídos sordos a los otros,
y crear mi propio camino al andar.
Me llamaron loco, ermitaño, asocial.
Y nunca me perdonaron que no los necesitara.
Nunca entendieron la plenitud de mi soledad.
Viví intensamente ardiendo en mi propio fuego,
y cuando al final me sentí solo cenizas,
me recosté pleno entre los labios de la noche...
y me dejé devorar.
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