El primer miedo
Alguna vez tuve un hijo
que no superó el primer miedo.
Se negó a la luz y al frío, al aire y el sol,
y prefirió la tibieza del mundo interior.
Alguna vez tuve un hijo
pero no superó el primer miedo,
y existió y no existió al mismo tiempo.
Nunca nació pero si murió.
Nunca fue realmente pero estuvo,
está, y siempre estará.
No quiso abandonar el océano interno
para ser habitante del mundo exterior.
No pudo con la incertidumbre de la duda
y prefirió la certeza de la muerte.
Nunca fue realmente
un habitante de este mundo,
que siempre ha estado vacío sin él.
Tan vacío y muerto como él,
que no superó el primer miedo:
el miedo a nacer y enfrentarse solo a la vida.
Hoy yo enfrentó el último miedo:
el miedo a dejar la vida,
a dejar la certeza del dolor del día a día
y abrazar la incertidumbre de la muerte.
Hoy me toca cerrar el círculo,
hoy me toca volver a él:
el sin nombre, el no nacido,
el que nunca llegó ni nunca se fue.
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