La vida es un soplo
Perseguir la luz
pasando del negro al rojo,
y luego al aire que por primera vez
nos llena los pulmones.
Descubrir el equilibrio,
la movilidad, el sonido,
el dolor, el grito y la alegría.
Descubrir el juego,
el entorno, el calor del afecto,
el frío de la ausencia,
la fragilidad de nuestras limitaciones,
y de nuestro cuerpo
la vulnerabilidad.
Crecer,
aprender a amar de otras maneras,
ser libres para escoger nuestra cárcel,
atarnos a otros como nosotros,
igual de sordos y de ciegos,
igual de llenos de ilusiones y de fantasías,
de promesas y de sueños.
Repetir el ciclo de los que nos antecedieron
cometiendo los mismos errores,
pero de diferente manera,
persiguiendo las mismas expectativas
pero de distinto modo,
para llegar al mismo final
pero por diferente camino.
Al final terminar como todos,
siguiendo de nuevo la luz,
pasando del rojo al negro
y devolviendo el aire
que nos fue prestado,
el cuerpo que nos fue dado,
el guión que nos tocó interpretar
para luego volver a empezar.
Y es que como bien decía Oscar Niemeyer:
'La vida es un soplo'.
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