La soledad del tiempo
Lame el tiempo los huesos de las tumbas,
como si lamiera sus heridas,
las cenizas de un Fénix
que cree que ha ardido por última vez,
mientras lucha con el viento
que intenta esparcirlas
como fue su último deseo.
Se espina la lengua con los recuerdos yermos
que se niegan a ser olvidados para siempre,
con el sabor amargo de sueños nunca cumplidos
y la sequedad de pasiones que nunca brotaron.
Y a pesar de todo,
a pesar de la ingratitud, las maldiciones,
los vituperios y el hastío,
cumple con su labor de salvarnos de nosotros mismos,
de darnos una nueva oportunidad de seguir adelante,
de lograr con nuestra finita vida acceder a lo infinito.
Aún a costa de su propia vida,
aún a costa de sus propios sueños,
aún a costa de su condena inmerecida
de ser por siempre solo espectador, escenario,
telón de fondo, aparente verdugo,
Pero nunca protagonista.
Otros textos de esta serie: