Hojas secas
Batallo.
Es la verdad aunque no me guste.
Camino cada segundo como si fuera una hora,
cada hora como si fuera un día,
cada día como si fuera una vida.
Vivo solo porque mi corazón está sano
y persiste en su función primaria, y única, de latir.
Existo por inercia,
porque la vida misma me empuja, me jala,
más allá de mis propios deseos.
Soy una hoja muerta llevada por el viento
en espera de finalmente caer
y sedimentarse, disolverse.
Ella también batalla.
Despierta y me abraza.
Me pregunta como estoy.
Le digo que bien. Miento.
Ella sonríe.
A veces creo que la amo.
Es una linda ilusión.
Le pregunto lo mismo,
me da un beso y evade la pregunta.
Llevamos juntos un año.
Un año haciéndonos compañía,
viviendo la misma inercia.
Compañeros de batalla contra
el mismo enemigo invisible,
víctimas de la misma adversidad.
Somos un par de hojas secas
llevadas por el viendo en la misma dirección,
viviendo por inercia,
hasta que sea la hora de caer, de sedimentarnos,
de batallar nuestro último segundo,
nuestra última hora, nuestro último día.
nuestra última vida.
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