Buenos días
La mira dormir. La toca.
Como quien toca un dulce de azúcar
qué puede desmoronarse
ante el calor de los dedos.
La acaricia como si fuera el aire.
Apenas rozando la superficie
de la superficie de su cuerpo.
Lento, en cámara lenta,
mueve las sábanas para descubrirla,
para revelar lo siempre oculto a la mirada
y siempre expuesto a los deseos.
Acerca su rostro,
reconoce los aromas,
y lo invaden los recuerdos
y la sangre de las horas compartidas.
Aprieta los labios para contener la lengua,
qué ansiosa quiere acudir a la cita,
a los dientes qué quieren jugar
a hundirse en la carne sin romperla.
La cubre de nuevo.
Se acerca a su oído. Y con la entonación,
más de una invitación qué de un saludo,
le susurra mientras la abraza: 'Buenos días'.
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